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sábado, 29 de marzo de 2014

La galerna

eltumbaollas dijo:
¿Qué cojones es una galerna?
Aparecieron dos bultos en la playita de Ontón, eran las dos chicas; faltaba el otro cadáver. A mí nadie me preguntó pero supe cómo se inició la tragedia. Una tarde aburrida de Agosto remaba en el viejo bote del Club Náutico de Castro Urdiales (CNCU) quizá buscando piratas pues no tendría más de diez u once años. Acababa de oír por primera vez la palabra galerna pronunciada con entonación castreña por un marinero vestido de azul al que llamaban Ochoa. Viene Galerna, dijo con un Ideales en la boca y esa mirada, que alcanza más lejos, propia de los hombres de mar. Seguí su mirada y el horizonte parecía una mancha negra de turballón. El Nordeste ya soplaba pero la temperatura aún era agradable. Yo sabía que si el mar se volvía negro había que ir a casa a por un chubasquero y merendar. Me dispuse a abandonar la balsa en la que enredando entre los Optimist me bañaba una y otra vez. Cogí el bote para acercarme a la escala pero antes me di una vuelta entre las embarcaciones exprimiendo hasta el último minuto antes de la lluvia y sintiéndome un pirata cruel o un remero de trainera ballenera. De repente dejé de remar; allí estaban las dos chicas y un chico de unos dieciocho años aparejando torpemente un viejo Snipe de madera. No lo sabía entonces pero mis impulsos sexuales preadolescentes me dominaban y me quedé observando a las chicas. Miraba su pelo, sus pulseras, llevaban chicles en sus bolsos y olían mejor que mis hermanas. Él era de Madrid y ellas de Bilbao. Recuerdo el apellido de él pero a ellas las olvidé adrede. Una me llamó y lo hizo por mi nombre. ¡Me conocía! Remé con fortaleza y acudí a su llamada con gran determinación. Me echaron una escota y me pidieron que les remolcara un poco hasta acercarles a la bocana. Amarré con habilidad el cabo a una cornamusa de popa y comencé a bogar. Les miraba mientras intentaban izar la mayor y una se arrebujó para tratar de encender un Winston. Viene galerna, dije como si supiera de lo que hablaba y presumiendo de marino. El chuleta madrileño, con desprecio, me dijo que qué cojones era una galerna; me puse rojo y sentí una mezcla de odio y envidia. Quizá era sólo envidia que siempre envuelve odio. Después de soltarles remé de vuelta al Náutico viendo cómo se peleaban con el foque y el negro mar se acercaba.
En la cena reñía con mis hermanas agotando la inmensa paciencia que mi abuela nos otorgaba cuando, no sé cómo, llegó la noticia: tres chavales que habían salido a navegar no habían vuelto. Sentí el primer gran golpe en mi alma. Se hizo un silencio pastoso en todo el pueblo y deseé morir. Acabé la cena como pude y en vez de pelear con mi abuela por la hora de acostar me escondí en la cama. Sin lágrimas lloré del alma, sin lágrimas lloré de terror, sin lágrimas lloré de culpa. Recé, recé y recé pidiendo que fuera un error y que todos se reirían del malentendido. Por la mañana, más temprano que nunca y sin desayunar corrí con mi bicicleta GAC hasta el Náutico. No me atreví a entrar por el terror a que me acusaran y que todos supieran que yo fui el culpable.
Primero apareció el Snipe boca abajo, después las dos jovencitas en la playa de Ontón. A él lo vieron en unas rocas de Mioño. Y mi infancia se agotó.

domingo, 15 de diciembre de 2013

“Impresión: sol naciente”

eltumbaollas dijo:
“Impresión: sol naciente” es un bello óleo sobre lienzo de Monet. El título dio nombre al movimiento plástico conocido como Impresionismo. A brocha gorda (qué mal traído) se trata de captar la luz, el instante, la impresión y quizá el asombro; por ello en El Impresionismo abundan las escenas de amaneceres y atardeceres, jardines y lunas en las aguas. Borges describía los instantes en la vida de las personas y decía: “yo digo asombro dónde otros dicen solamente costumbre”. Yo me asombro en este blog cuando leo a tantos brillantes remeros. Como leer: gazpacho de ortigas ya probado y en espera de probar croquetas de ortigas que nos regaló don Belosticalle, mi amigo a pesar de no tener nada en común.
Sucedió una bonita mañana hace unos días. Sentado en un banco de una tranquila calle del bilbaíno barrio de Deusto observaba los pájaros cuando reparé en lo que me pareció un cuadro colgado de la rama de un árbol; al instante lo tenía en mis manos. Se trataba de lo que parecía un óleo sobre tabla de una bonita estampa de unos niños bajo una parra. Con el marco un poco destartalado, en su parte trasera tenía pegada una media cuartilla ajada y amarilleada por el paso del tiempo. En ella se reseñaba al autor, título, fechas y más datos. El hecho de que tuviera la nota me hizo pensar que sería una reproducción y mi primera emoción de que fuera un gran hallazgo se disipó. Casualmente había quedado ese día para comer con mi amigo Javi Díez (hijo de Paco Ducale) que entre otros saberes cuenta con el de ser un gran amante del arte pictórico y por ende un gran conocedor. Se maravilló del cuadro pero sobretodo de la forma en la que me hice con él. Comimos en una taberna oscura (pagó él) y se lo llevó a su casa para estudiarlo con detenimiento y buena luz. Pronto sonó el teléfono y me informó de que no era una reproducción; se trata de una técnica que consiste en aplicar a una lámina unas leves pinceladas de una especie de cola transparente que al dar relieve asemeja una buena reproducción. Me dijo que era un buen trabajo y que el que lo hizo lo sabía hacer bien.
Es la obra titulada “Grape Arbor en Neuskastel” del pintor alemán Max Slevogt (1868-1932) y que ahora, una vez reparado y lucido el marco, cuelga en una pared de mi casa y cada día saludo a los niños y a su institutriz con un educado guten morgen.

domingo, 6 de octubre de 2013

Crónicas vitorianas.

eltumbaollas dice:
Las croquetas escasitas, los mejillones no tanto, el gazpacho sin vodka ( a quién se le ocurre tomar gazpacho sin vodka). Santi está teniente y don Belosti es un cachondo y su señora le riñe. Neo presumía de parienta e hija y el Albatros es hipy como doña Viejecita que no es vieja y está buena. No pude meter mano a doña Franny aunque le propuse fugarnos al caribe. Reunión de tocayos: don Cándido, el chulo de CarmenQuirós y un servidor chupando Camel. El atractivo Nonpossumus marcaba musculitos con su camiseta blanca y hablaba mal de Chigorin. Doña Carmen, nuestra letrada de guardia, rompedora de rubia me abandonó en la sartén y los cacillos. A Thompson que vino con su jefa no le pregunté por su hijo el empollón de Corea (la Mari te manda besos frescos). Los de Castellón, el Loco y don Quicio se entregaron al caterin y abandonaron a sus señoras, inocentes ellos. Don Rubín ha descubierto su faceta coquinaria si bien al estilo Nicolás Redondo pero no me meteré con él porque me cae bien y me dio una botella de Guitián y su santa me tiró los tejos con la excusa croquetera. Don Uno no arreglo zapato algUno y Jachuspa me besó con cariño. Mi jefa doña Catalina vino guapa y acompañada del neurólogo por si eso, un tipo que me metió mano sin rubor. Andalindes resulta que no anda tanto y no se quitó la sonrisa. Doña Mara, ya saben, la alegría de la huerta, perseguía a don Rostro con nobles intenciones. Asturianín llamó por telefonillo y le llamé sinvergüenza sin serlo que tiene más gracia. Ni hablé con CiudadanoMedio que no da para todo. Mi gemelo Karlwind es un señor muy elegante y cariñoso y se pierde por Bilbao. Don Fernando es muy tímido pero lo compensa con Brunilda que es medio alemana y guapa entera. De Parmenio repetiré lo que publiqué ayer vino con barba, una rubia y un párrafo. En resumen todos muy guapos. Del Capi ¿Qué decir?
Muchísimas gracias Capitán, muchísimas gracias Capitana.
(espero no haberme olvidado de nadie)

miércoles, 21 de agosto de 2013

HOTEL los Tumbaneos: el origen.

Los TumbaNeos dice:
Los dos salieron a dar un paseo: eran hermanos y nada raro había en ello.
-Me gusta este sitio – dijo el hermano pequeño-. La tierra es fértil, el viento suave y verano e invierno son benignos. Aquí tus frutos del campo vestirán de color los prados y a mis ganados no les faltará alimento.
- No está mal – dijo el hermano mayor mientras su mano recogía del suelo una quijada de asno.
- Me quedaría aquí toda la vida – dijo el menor, mientras sus ojos observaban los verdes campos que se perdían a lo lejos.
-Tus deseos son órdenes – susurró el mayor, mientras le asestaban un ostión en toda la cabeza.
- ¿Dónde está tu hermano?
- No sé. ¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?
- ¿Qué has hecho? Se oye la sangre de tu hermano clamar hacia mí desde el suelo.
-A ver si van a ser las tripas… ¿Una manzanita para matar al hombre? Perdón, ¿para matar el hambre?
Yahvéh buscó al hermano pequeño, pero una llamada urgente del Ángel de la espada de fuego que había apostado en la entrada del Paraíso hizo que se olvidara del asunto: Adán había sido visto escalando la tapia sur, cerca de los manzanos, con una bolsa del Ikea; tal infracción requirió su inmediata presencia en el lugar de los hechos. Ese fue el motivo de no observar cómo, justo a dos metros, una quijada de asno resplandecía a la luz del sol; a su lado, un montón de tierra húmeda cubría un bulto. De él sobresalía una mano derecha con los dedos índice y meñique estirados. Aquél lugar fue llamado “El Descanso de Abel.”
Han pasado varios siglos y los cananeos se han asentado cerca del lugar. Sus casas ya se construyen con piedra y están formando la primera ciudad. De momento no ha llegado todavía el semáforo, los pasos de peatones, los atascos y el camión de la basura, pero todo se andará.
-Oye- le dijo uno a otro- ¿Por qué en vez de piedra y mezcla no utilizamos ladrillos y betún?
- ¡Ostras, que buena idea! ¡Y podríamos hacer una torre!- le respondió el otro.
- No, mejor dos, gritó un especulador
- No, mejor una, por si acaso, comentó bajito un ahorrador.
- La llamaremos Torre de Iberdrola, dijo uno muy galán.
- No, mejor Torre de Torrente, apostilló otro muy guarrete.
Se pusieron todos de acuerdo para construir la torre aunque no en el nombre. El lugar elegido fue “El Descanso de Abel”. Esta fue surgiendo con rapidez ya que hablaban todos castellano y así era fácil entenderse. Es más, abarataron mucho los gastos ante el ahorro en “pinganillos” y en escuelas de idiomas.
Yahveh, celoso de su intimidad, y viendo que la torre alcanzaría pronto la altura de sus cuartos de baño celestiales decidió enviar a la ciudad a cuadrillas de albañiles de otras nacionalidades. Debido al bajo coste de sus honorarios fueron contratados inmediatamente. El descontrol pululó por la obra. Los chinos se equivocaron varias veces en el encofrado ya que en vez de rellenar con tierra el armazón lo hacían con arroz tres delicias; los rumanos se dedicaban a tocar el violín en los cruces de los alrededores; los ingleses “erre que erre” por el lado contrario; los alemanes bebiendo cerveza y comiendo salchichas; los catalanes leían libros y regalaban rosas; los vascos no había forma de que dejaran una sola piedra en su sitio, ya que, una y otra vez, hacían competiciones a ver quién las levantaba más veces, y cuanto más gordas mejor; los valencianos venga a tirar petardos y uno de Burriana hacía arroz. Así que ocurrió lo que tenía que ocurrir: la torre a tomar “polculo”y entró en concurso de acreedores. La mala suerte quiso que en el derrumbe quedara atrapado uno de los cananeos bajo los escombros; cayó en el mismo lugar donde, a escasos centímetros bajo tierra, descansaba el cuerpo de Abel; el betún que llevaba se filtró y se adhirió a una quijada de asno. Aquel lugar fue llamado “El Descanso del Cananeo”.
Han vuelto a pasar varios siglos y “El Descanso del Cananeo” apenas ha sufrido cambios. El tiempo hizo que la quijada de asno aflorase a la superficie y debido a la acción de la lluvia y el viento se haya convertido en un perfecto canto rodado del tamaño de un huevo de codorniz… hembra, que es bastante mayor que los huevos de las codornices machos.
Un muchacho come higos sentado en la hierba mientras observa el campamento del rey Saúl. Él es pastor y les ha traído trigo, pan y algo de queso pero como son las cinco de la tarde y va a salir el bravucón de Goliat a buscar oponente le han apartado a un lado.
- ¡Eh, tú gilipollas! – gritó el muchacho en cuanto vio aparecer entre las filas de los filisteos a un tío más largo que siete años de Gobierno de Zapatero o que una siesta de Rajoy. -¿Por qué no te metes con uno de tu estatura?
Goliat dirigió la vista hacia dónde provenía el insulto, escupió en el suelo y le enseño el dedo índice. El chico le hizo “un calvo”. Enfurecido, el gigante emprendió la carrera espada en alto con ánimo de cortarle la cabeza a aquel mocoso. Este sacó su honda, la cargó y lanzó sobre Goliat: el higo le dio en el ojo derecho; el siguiente se lo estampó en el izquierdo. Mientras Goliat se limpiaba los ojos, el chaval buscó en el suelo, encontró el guijarro, lo introdujo en la badana de su honda y le atizó un “quijadazo” a la remanguillé entre ceja y ceja que le ocasionó una herida de dos trayectorias con entrada intercejal y salida postnucal y orejil izquierda respectivamente. El largo avanzó unos metro, cayó de bruces y allí quedó tumbado, en el mismo lugar en que se hallaban los huesos de Abel y del albañil cananeo. Aquello se estaba pareciendo cada vez más a la Cripta Real del monasterio de El Escorial con tanto muerto uno encima de otro. Aquél lugar fue llamado “El Monte de El Tumbao y el Cananeo”.
Han vuelto a pasar varios siglos. En el lugar ha crecido una higuera, fruto del segundo hondazo que recibió Goliat en el ojo izquierdo. Un cuerpo cuelga de la higuera; treinta monedas caen de su bolsa al suelo. El cielo, oscuro, amenaza tormenta. A lo lejos se oye un atronador sonido: el velo del Templo se rasga de parte a parte. Un rayo zigzaguea y la cuerda que sostiene a Judas se parte. Este cae en el mismo lugar en que reposan Goliat, el cananeo y Abel. Un cuerpo nuevo se suma a la tumba. Aquél lugar fue llamado “Los Tumbaneos”.
Ya estamos en la actualidad. El lugar ha cambiado, y mucho. La higuera murió hace siglos. Lo que antes era campo es ahora el centro de una gran ciudad. Sobre los restos de Judas, Goliat, el cananeo y Abel han construido un hotel: El Hotel De Los TumbaNeos; y promete, vaya si promete…

Los tumbaneos ( Antes o después )

Los TumbaNeos dice:

Jack observó el hotel desde la acera de enfrente. No, no es que él fuera de los que les gusta el sabor del sudor en nuca ajena, sino que se había trasladado a la acera contraria para tener una mejor perspectiva del lugar en el que se iba a celebrar la convención. Jack es un hombre muy meticuloso en todos sus actos y eso le ha servido para preservar su libertad durante toda su vida (muy longeva por cierto), aunque su apariencia externa no expresa correctamente su edad.
-Hay que estar seguro por donde se pisa- comenta siempre a sus escasas amistades-. No es nada agradable levantar la suela del zapato y encontrarse con el proceso digestivo completo de un foxterrier al que su dueña alimenta exclusivamente con Ferrero Rocher y champán francés: deja unas manchas horribles y un olor bastante desagradable.
La niebla hacía horas que había caído y el hotel, escasamente iluminado por las farolas de bajo consumo que el ayuntamiento utilizaba para poder subir el sueldo del alcalde y los concejales (año tras año: un 25%), apenas era visible.
Hotel “Los Tumbaneos”, rezaba el cartel. Hace años había obtenido la calificación de cuatro estrellas, otorgada por la prestigiosa revista “Dulces sueños & Agrios despertares”, pero la dejadez en su dirección, la falta de profesionalidad del servicio de limpieza y una más que deplorable carta de vinos en su bodega (que solo D. Simón y Fanta destacaban entre su selección de caldos) le habían llevado a ostentar en aquellos momentos dos asteroides y medio.
No solo brillaba por su ausencia la pulcritud en el interior, el exterior necesitaba también una buena reforma. “El paseo de la caspa” llamaban los vecinos del barrio al tramo de calle en el que se ubicaba, ya que era natural terminar con la ropa manchada por las finas partículas blancas que constantemente se desprendían de la fachada, pintada allá por los años treinta… de hace dos siglos.
A Jack le gustaba la niebla, se encontraba en ella como pez en una “Bouillabaisse”. Sentía el influjo que ejercía en él su humedad. Los claroscuros que producía en su vista le trasportaban a un mundo de agradables sensaciones donde poder realizar la honorable labor para la que había sido elegido. Esta niebla era diferente a la del barrio de La Capilla Blanca, pero podría acostumbrarse. De todas formas, no era mucho el tiempo que tenía pensado pasar por estos lares, justo lo que durase la convención. Ahora bien, nunca se sabía donde saltaría la oportunidad de añadir un nuevo nombre a su curriculum. Mary Ann Nichols encabezaba su lista; fue un buen trabajo para haber sido realizado por alguien sin experiencia. Después, todo fue cortar y cantar.
Sintió un dolor repentino en el abdomen. –Las tripas –pensó. E inmediatamente llevó su mano al cuchillo que llevaba en el bolsillo derecho de su abrigo. El mandil de cuero, que ocultaba bajo el abrigo, crujió con el movimiento. No podía controlarlo: era pensar en tripas y su mano, instintivamente, buscaba su herramienta de trabajo.
–Mañana preguntaré si hay prostitutas por la zona- se dijo- y se dirigió a la entrada del Hotel.

Los tumbaneos ( I )

Los TumbaNeos dice:
Porneio fue el primero en llegar al Hotel. Las convenciones de empresa siempre le habían gustado y más este año que tenía buenas cifras para presentar al Ceo. A su paso cayeron todos los presentes en el lobby del hotel en un extraño estado de libido exuberante. La recepcionista, mojigata y fría como mano de muerto, sintió el impulso de seducir al subdirector y al director… y al botones; hasta se desabrochó el uniforme a la altura del ombligo al paso del limpia cristales. Los matrimonios se dirigieron a las habitaciones a la carrera para demostrarse su amor. Los solteros se emparejaron algunos y se agruparon otros. Ante las máquinas expendedoras de preservativos de los baños se formaron colas. Al rato todos estaban fornicando.
Gastrimargio, antes de registrarse en recepción, pasó por el comedor y nada más entrar, el camarero decidió no servir un solomillo Wellington y comérselo a bocados en el office de la cocina, bebió una botella de Annus del 2009 de un solo trago y eructó como jamás lo había hecho despeinando a la freganchina. En el comedor la gente se abalanzaba sobre el bufet y dos señoras de Burgos se enfrentaban a la rebatiña por una pierna de cordero. Cuando Gastrimargio llegó a la recepción, la mojigata, despeinada y escotada, con el carmín hasta la oreja, comía un sándwich de pollo tras otro dando buena cuenta de una botella de 4Rayas.
Philargurio llegó en una limusina de tres ejes y cuatro rubias (y cinco euros de propina). El director del hotel decidió despedir inmediatamente a dos camareras y al botones para mejorar la cuenta de resultados. Pensó aplicar la nueva ley de despidos pero como le pareció muy caro les acusó de robar productos de limpieza para abaratar el proceso. Las camareras negaron la acusación mientras se metían en las entretelas una lámpara, un teléfono y el timbre de recepción; el botones se llevó una patada en el culo. Todos los clientes del hotel se pusieron a discutir airados y nadie quería pagar la cuenta. Una monjita invitada por “Limosnas sin Fronteras” para asistir a una jornada sobre “Ética Corporativa” introdujo en su maletita un albornoz, una almohada y hasta intentó meter la colcha. Salió del hotel chillando y protestando por el mal servicio mientras le rechinaban las botellitas de licor del mueble bar en los bolsones del hábito.
Se oyó un estruendo en la puerta del hotel; alguien había pegado un puñetazo al portero y una de las lunas de la puerta giratoria había estallado en mil pedazos. Orgé, otro de los delegados, entró en el lobby arrastrando al portero por el cuello, sonrió al ver a la recepcionista, ya no mojigata, y soltó al portero sacudiéndose las manos. ¡Vengo a la convención! -chilló al acercarse al mostrador-. El portero, en el suelo, recibía patadas de un vendedor de máquina-herramienta de Apatamonasterio porque no le había buscado un taxi –ahí va la ostia, pues-. La monjita, que había vuelto al hotel ya que se había olvidado su rosario de la buena suerte y a intentar pillar algo más, se lio a collejas con el de Apata porque hay que “vestir al desnudo y calentar al friolero”. Un joven paliducho, con camiseta del Madrid y cara de gilipollas empezó a pegar bofetones a la monja por el mismo motivo. Las señoras de Burgos habían soltado la pierna de cordero y blandían sendos cuchillos cebolleros persiguiendo al cocinero porque no había puesto cebolla en la tortilla. Al tiempo, llegaron dos municipales alertados por los ruidos. Al entrar, uno disparó a la entrepierna del otro porque un día de Octubre no le cambió el turno para ir al Notario a heredar un terrenillo en Amaroto.
Cuando el delegado Invidio entró, un olor a bajamar pingüe y graso se enseñoreó en el hotel. Muchos sintieron náuseas; otros ardores. ¿Has visto qué “voiture” tiene ese? -decía una francesa con halitosis- mientras, el del cochazo pensaba en lo buenorra que estaba la “gabacha” con pinta de putón; no como su mujer que era antipática, se pasaba todo el día hablando por teléfono con su madre y tenía las “manolas” como calcetines tendidos. El subdirector, que era de Nules, comenzó a odiar al director por su nómina tan gorda y por tener un “bemeuve” azul de renting que le pagaba la empresa. El cocinero, tras deshacerse de las locas de Burgos, pensó que mejor ser ayudante, que siendo jefe te persiguen las señoras y encima no te pagan bien. El ayudante de cocina miró de soslayo a la “freganchina” deseando las bondades de su vida: mira ésta, friega, cumple su horario y se va; y yo aguantando al jefe por cuatro perras. Un tipo de Cartagena, vendedor de muebles de cocina, se lamentó de que su empresa no le ponía una tableta y tenía que acarrear un portátil de ocho kilos; así que decidió robarle el Ipad a uno de Oviedo que pasaba por allí. El policía que recibió el tiro en lo noble gritaba en la ambulancia: “maricas, maricas, que sois unos maricas”. El otro poli, al entrar esposado al furgón policial, pensaba: joder qué suerte tienen algunos, ahora se tirará seis meses de baja viendo el “Sálvame” o pelis de B. Wilder y seguro que le ponen picha nueva al muy tiñoso.
Acedio no quería molestar. Pensó en no acudir a la convención -Total ¿para qué?- se decía. Si es siempre lo mismo y además no me encuentro bien. Temía que el Ceo le fuera a reñir por haber estado de baja tanto tiempo. La recepcionista también se encontraba cansada y teclear el ordenador se le antojaba un inmenso reto. Al final se hizo el registro y Acedio obtuvo su llave. -qué pesada es- pensó. El representante calvo de Cartagena se sentó en un sofá Chester y canceló su cita con un comerciante de Vallecas: estaba extenuado. Una perrita labrador, al llegar a la puerta del hotel, se tumbó y no quiso seguir tras su dueña, que se llamaba Rosario como cresta de buen orujo. El subdirector sesteaba en una habitación vacía tras decirse: no dejes para mañana lo que puedas dejar para pasado. Acedio repartió pereza y desidia y se agotó.
Superbio medía dos metros coronados por una melena bien cardada. Cuando la ya no mojigata le pidió el “deneí” se indignó: -¿Es qué no sabes quién soy? Sé más de lo que debo saber- le respondió altiva la ya no mojigata mientras pensaba: “porque yo lo valgo”. Superbio preguntó por sus compañeros de convención –por esos patanes- y ordenó que les informaran de que había llegado. Se dirigió fogoso a su habitación sin la llave, pues un tipo como él no la necesita. Se cruzó con el representante de Cartagena que por el móvil aseguraba ser el mejor vendedor del mundo a una operadora de Orange que habiendo equivocado el número creía estar hablando con un restaurante de Chiclana.
Un extraño silencio mordía el ambiente. Las luces se atenuaron y un gato salió corriendo. El lobby del hotel estaba desierto. La temperatura desapareció, los espejos se rajaron, la comida del bufet se pudrió y la monjita se ahorcó en el ascensor con su rosario de la buena suerte. En el suelo una estrella de siete puntas, con siete velas negras encendidas que hacían visibles siete sombras. El Ceo pasó a su lado mientras la llama de las velas tornaba a un azul índigo. Tomó el registro de huéspedes y buscó la habitación 666. Del bolsillo derecho de su americana sacó una pluma, se la clavó en la yugular y con su propia sangre anotó: mi nombre es Legión… pues somos muchos.

Los tumbaneos ( II )

Los TumbaNeos dice:
Llegaron, pues, los dos ángeles a Sodoma a la caída de la tarde: y Lot estaba sentado a la puerta de Sodoma. Y viéndolos Lot, levantóse a recibirlos, é inclinóse hacia el suelo…
Y antes que se acostasen, cercaron la casa los hombres de la ciudad, los varones de Sodoma, todo el pueblo junto, desde el más joven hasta el más viejo.
Y llamaron a Lot, y le dijeron: ¿Dónde están los varones que vinieron a ti esta noche? Sácanoslos, para que los conozcamos.
Génesis 19 1. 4-5
Se saludaron fríamente al entrar en la sala de reuniones. Acedio no tenía un buen día y fue el primero en sentarse. Gastrimargio se rió de él porque llevaba una botellita de agua y se comía las aspirinas a mordiscos. Superbio  mostraba su desprecio hacia todos ellos. Satanás (el Ceo) no entró, se apareció de repente e Invidio  comenzó a aplaudir.-No seas pelota- le dijeron.
-No estoy nada satisfecho con vuestro trabajo –se arrancó diciendo Satanás. -Porneio, empezaremos por ti. Porneio  que estaba distraído rascándose las cosas se la envainó y prestó atención.
-Tráenos tu informe –ordenó el Ceo demoníaco.
Porneio, que era un gran embaucador, explicó las bondades de su gestión. Se deleitó hablando de su gran invento: la viagra. -Millones de salidillos que estaban fuera de la concupiscencia han vuelto a la coyunda desordenada. ¡Todo un triunfo! -decía orgulloso. Superbio suspiraba de aburrimiento mientras se limpiaba las uñas con un palillo. Siguió Porneio hablando del Adsl, que se encuentra ya en tantos hogares así que la pornografía está al alcance de cualquiera y los pederastas están más desatados que nunca. Invidio pensaba en lo brillante de la exposición de Porneio, Acedio deseaba que llegara la hora de la siesta y Gastrimargio se sacó un bocadillo de ojos de bacalao con mermelada de pepino. Continuó Porneio su relato recreándose y habló del matrimonio homosexual, de la píldora del día después y del cigarrito de después. Cerró su conferencia con un engreído: “una gestión impecable”.
Satanás, que siempre estaba irritado y olía a socarraet de paella, le aclaró que los millones de “salidillos de la viagra” ya eran “clientes”, y eso no tenía mérito. Le preguntó por la Jornada Mundial de la Juventud. ¿Cuántos desvirgamientos se produjeron? ¿Cuántos embarazos no deseados? ¿Cuántas sodomías? –Me temo Porneio, que ese al que llaman dios y su vicario al que llaman papa te han ganado la partida-. Se produjo una carcajada general.
-Ese que llaman dios…ese que llaman dios –repetía muerto de risa Invidio
- Pues, a ese que llaman dios y a su papa como los coja los crujo –afirmó Orgé (el demonio de La Ira).
- No creo que los cojas: el vicario siempre sale montado en su cabina de teléfono con ruedas y ese que llaman dios es tan cobarde que se esconde tras miles de ángeles. Y no digamos nada de su hijo “el hippy”: siempre sentadito a su derecha cogiéndole la manita el muy nenaza – espetó Superbio.
- Lo llaman dios pero es tu padre y algo heredarás –soltó impertinente Philargurio.
-Todavía me acuerdo del repaso que le dio el hippy en aquel desierto a Gastromargio – se vaciló Invidio- Al hippy le llaman cordero de dios y no fue capaz de comerse ni una chuletita, ja, ja, ja.
Satanás le mostró a Porneio los datos que mostraban la gran diferencia entre el número de mujeres asesinadas frente al de violadas. – Orgé también te está comiendo la tostada- le reprochó. E Invidio volvió a reír.

Los tumbaneos ( III )

Los TumbaNeos dice:
Cuando Moisés llegó cerca del campamento y vio el becerro y las danzas, ardió en ira, arrojó de su mano las tablas y las hizo añicos al pie del monte.
Exodo 32, 19
-Bueno, Orgé, ya que ha salido tú nombre vamos a por tú exposición –dijo el jefe esperando que alguien le animara la convención con mejores noticias.
Orgé se puso a refunfuñar, como siempre. La escasa paciencia, por no decir nula, de Satanás se agotó y se dirigió a él con la grave voz que usaba para reñir demonios: “¡que sea la última vez que protestas mis decisiones o te mandaré mil años a la sección de grandes quemados del Lago de Fuego y Azufre… y sin tabaco! Invidio se reía con ganas. Acedio pidió que cesaran las discusiones: – no vale la pena – susurró despacio, como cansado.
-Vamos a ver a cuántos ha cabreado el Orgé -dijo Superbio atusándose la melena.
Orgé se puso más rojo que un pimiento… rojo, claro, y sus orejas demoníacas se tornaron puntiagudas mostrando unos forúnculos purulentos que causarían envidia en el congreso anual de “Pircings in the belarris”. Los pelos se le secaron y calentaron hasta que se encendieron en llamas. Le resultaba muy difícil contener las ganas de estrangular a Superbio, pero como Satanás no se lo hubiera consentido se conformó con tirarse un “cuesco” a su salud. Philargurio, mientras tanto, no descansaba y propició que la recepcionista, ahora llamada “la cachonda”, robara de la caja fuerte del hotel un collar valioso que una de las señoras de Burgos depositó para su custodia. El subdirector, por su parte, se afanó el Ipad del cartagenero que antes fue de uno de Oviedo.
La conferencia de Orgé fue breve, sin pogüerpoin ni efectos especiales. Habló de su infiltración entre los musulmanes de Europa que han conseguido, junto con los comunistas, que la Navidad casi desaparezca de las calles.
-¿Pero los musulmanes no son también adoradores de dios y de no sé qué profeta barbudo? -dijo el Invidio, siempre presto a la descalificación de los demás. Al límite de la contención llegó Orgé que ya no cabía en sí de la rabia. Continuó hablando de la cólera de los fanáticos islamistas que acabaría dejando ríos de fuego en las calles para delicia de los allí presentes. Todo será un caos: los padres asesinarán a los hijos y los hijos a los padres, aunque las primeras en caer serán las suegras y las cuñadas. Habló de los escraches y de que aunque aún están un poco verdes cualquier día estallarán en irracional violencia. Recordó su primer escrache: el que le montó al “hippy” en el vía crucis; y como los judíos, enfervorizados, gritaban aquello de: ¡A Barrabás, a Barrabás! Lo que le costó convencer a los “jodíos” que votaran barrabasadas. Y visto el éxito obtenido tuvo muchas ganas de organizar más movidas y más ahora que iba todo cojonudamente. Preguntó si no se habían fijado en su bonito disfraz de activista llorona de la PAH y la que estaba montando. Se dirigió al Ceo, al que Orgé llamaba con desprecio el Patrón, para agradecerle su reconocimiento por el asesinato de mujeres a manos de sus parejas ¡Qué placer le reportaba la violencia de género! Y eso que solo contaban las mujeres, porque, cuando aparecieran los datos de los mingafrías caídos en el tálamo conyugal…
-Sí –dijo -nos está saliendo muy bien. Destacó el orgullo que sentía al ver lo que estaba consiguiendo en México lindo, en concreto en Ciudad Juárez, dónde se mata a las mujeres y ni repajolera idea – ándale, ándale- del motivo. Incidió en que el tono faltón, provocado por él, en las tertulias políticas avivaba la irritación y la vesania de la gente.
Por último y como colofón final a su disertación proclamó que la III Guerra Mundial estaba al caer y no sería en Corea, sino en Alemania.
Gastrimargio se sintió bien tras escuchar a Orgé; sacó de una bocamanga unos langostinos gordos y los repartió con largueza. Acedio se dijo… tendré que pelarlos… Jo!

Los tumbaneos ( IV )

Los TumbaNeos dice:
Mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: «Tomad, comed…
Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: «Bebed de ella todos…
Mateo 26. 26-27
Gastrimargio guardó los langostinos gordos, se chupó los dedos que eran como de bronce y atendió la orden satánica; le tocaba a él comenzar su informe. Se quejó, como en todos los congresos, de que Philargurio y sus avarientos financieros extendieran el hambre por el mundo y él no podía operar con normalidad en su afán de fomentar la gula y la ebriedad. Se defendió diciendo que a la ebriedad había añadido las drogas y estaba triunfando entre la juventud de pastilla y botellón. La gula es más difícil, sólo domino una tercera parte del mundo, dijo –y en las otras dos partes la gula es residual.
Mientras tanto en el cuarto de escobas de la primera planta la recepcionista cachonda y el cocinero se deleitaban con el cigarrito de después. Sentados en el suelo y con la ropa sin arreglar pensaron en encebollar unos jibiones de Luarca para merendar. El director del hotel había despedido al subdirector acusándole de robar el collar de la de Burgos. Al revisar un cajón encontró el Ipad y se lo guardó en la entrepierna dándole un aspecto de paquete plano difícil de soportar. Al olor de los jibiones decidió ir a la cocina a merendar con una botella de chacolí en la mano que le había levantado al vendedor de Apata. En una pequeña tele de la cocina se emitía la película “Sueca bisexual necesita semental”. Nuestra recepcionista, que no quería compartir los jibiones con nadie, se trajinaba una morcilla de Villarcayo mientras se cocinaban los jibiones. La freganchina y el director se hacían tocamientos en el cuarto frío. Al final entre todos se comieron los jibiones, las morcillas y unos macarrones que sobraron del bufet.
En la sala de reuniones Gastrimargio provocó las carcajadas de los demonios al recordar que de grandes cenas están las sepulturas llenas y los aplausos cuando les puso un video francés titulado La Surcosommation que le pirateó a un importante aspirante a Jedi. Tras la ovación no muy unánime (ya que Invidio y Superbio aplaudieron poco y Acedio lo hizo de mala gana), Gastromargio se creció y habló de la obesidad infantil: los golosones del mañana. Continuó disertando sobre grasas trans y aceites de palma y para el final dejó su gran novedad: “he conseguido que jovencitas empapen en alcohol tampones y para alcanzar la ebriedad de forma rápida y barata se los introducen por aquellas oquedades de donde los humanos salen llorando y luego lloran algunos por volver a entrar.
-Jodó! ¿De verdad hacen eso las chiquillas? –dijo Orgé
Gastromargio orgulloso contestó que de momento sólo algunas elegidas pero que en breve será un práctica habitual.
Acedio pidió un descanso y Orgé le dio un pescozón.

Los tumbaneos ( V )

Los TumbaNeos dice:
Además, cuando estábamos entre vosotros os mandábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma.
Porque nos hemos enterado que hay entre vosotros algunos que viven desordenadamente, sin trabajar nada, pero metiéndose en todo.
2ª Tesalonicenses 3. 10-11
Después de un receso para aliviar vejigas diabólicas y estirar patas de cabra (de la bici no, de las diablesas) nuestro grupo de delegados entró de nuevo en la sala de reuniones. El Ceo no podía soportar al perezoso Acedio, así que decidió darle la palabra y quitarse el mal trago cuanto antes. Acedio bostezó y se encaminó al estrado despeinado y sin duchar. Estaba deprimido como siempre, temeroso de los reproches de sus compañeros y de los de Satanás al que temía más que al Arcángel Gabriel, ese cartero celestial con mala leche que una vez le persiguió a garrotazos por las afueras del cielo. Garrotazos le dio pocos pero le endiñó un paquete certificado para entregar a San Mamés que contenía un escudo del Athletic hecho con chapas de la Babcock (léase Balco).
Ordenó sus papeles y, tras suspirar, comenzó relatando como en las sociedades modernas ya nadie se esfuerza en el aprendizaje o el trabajo. Casi todo el mundo es socialista; por lo que están esperando a que algo o alguien del partido (claro) les arreglen sus problemas. Un carguito, una subvención, un ere falso, cualquier cosita vale para poder pasarse todo el día viendo la tele.
Mejor estaríamos todos viendo la tele que escuchando tus mamonadas, dijo Orgé con su irritación habitual; lo que provocó las risotadas de Invidio que Satanás cortó con una fulminante mirada.
En la recepción sonó el teléfono pero nuestra recepcionista no quiso contestar. En la oficinilla el director sesteaba frente al televisor viendo Big Bang y ni se le ocurrió cogerlo. La recepcionista que se llama Susana y es natural de Toro le gritó al dire: “¿No puedes coger el puto teléfono? Joder con míster PlashMan todo el día viendo la tele”. Para más irritación a nuestra Susi le sonó el móvil en el bolso y tampoco lo cogió, no tenía ganas de hablar con nadie; pero eso sí, encontró energías para servirse otra copita de moscatel que tanto bien le hacían.
En la sala de reuniones Satanás bostezaba escuchando la disertación del perezoso hablando en ese momento de que los niños en las escuelas ya no aprendían casi nada y a los adultos les resultaba indiferente… Satanás mató un par de moscas con el rabo… Insidio comentaba que la apatía y la astenia llenaban las consultas de los psiquiatras… Satanás mató tres moscas con el rabo… Los ecologistas sandía ya estaban fumando porros frente a una play y olvidando sus consignas climáticas… Satanás acabó con todas las moscas de la sala.
Supongo que después de este rollo Satanás nos dejará ir a dormir, interrumpió Superbio.
¿Dormir? Yo también quiero ir a dormir, dijo Invidio. Y se llevó otro pescozón.

Los tumbaneos ( VI )

Los TumbaNeos dice:
José se lo contó a su padre Jacob y a sus hermanos, y su padre le reprendió y le dijo: «¿Qué sueño es ése que has tenido? …
Sus hermanos le tenían envidia, mientras que su padre reflexionaba.
Génesis 37, 10 -11
Invidio era un demonio distinto al resto. No es que fuera de la otra acera, con sus alitas blancas, el tutú y el arquito, no, la sutileza de su cometido le hacía diferente. El producto con el que él comerciaba era menos visible, menos aparatoso y tangible: era fino y delicado y a veces laborioso.
El Ceo le invitó a comenzar su intervención. Invidio levantó la cabeza, miró uno a uno a sus compañeros de empresa y sonriendo dijo: seré breve, como Luigi.
Habló de que lleva triunfando en su negociado desde Caín y el lila de Abelito. Les dijo que se apoyaba en sus colegas: la pereza de Acedio la transformaba en envidias; la avaricia de Philargurio en campo de comparaciones odiosas. De la lujuria de Porneio… ¿Qué decir? Que si las tiene caídas, que si la tiene pequeña, que si cinco sin sacarla… ¿Para qué seguir?
Hasta nuestro querido Satanás siente envidia del hippy, soltó Porneio de pronto sin levantar la mirada. El Ceo abrió las manos y de las uñas le salieron dos serpientes; una devoró a la otra y la otra devoró a la una.
En el Lobby, mientras tanto, ocho atontaos disfrazados de nazarenos sado-maso son recibidos por nuestra Susi que se mostraba pechugona. Iban a una despedida de soltero y al momento los demonios ocuparon sus corazones. La Susi, desatada, se arrancó los botones de la camisa y acompañó al grupo a la cocina. Tras abrir varias botellas de cava caro y naked sushi para todos, las pulsiones demoníacas se impusieron y la reunión se transformó en una trifulca tal que los ocho se pegaban entre sí, la freganchina con la Susi y ésta con todos. El cocinero cansado se hizo la merienda. Acedio sonrió.
En la sala de reuniones la cosa pintaba parecido. Orgé deseaba tenerla tan larga como Gastrimargio… la cola trasera de los demonios y la otra. Philargurio anhelaba el hermoso pelo cardado de Superbio ya que al ser calvo frailuco se gastaba el sueldo en filomatis. Éste a su vez también suspiró por tener el carácter de Orgé… y lo de delante. Acedio no quiso nada ya que, aunque con los ojos abiertos, estaba echándose una siestecita. Porneio, bien armado de ambas colas, pensaba en lo bien que le sentaría el nuevo wonderbrá atigrado de Susi “la cachonda”. Un día se armaría de valor y pediría a Satán unos días de baja para hacerse un cambio de sexo. Quizá se llamaría Dolores.
Satán se llevó las manos a la cabeza y, escarbando calma, le reprochó a Invidio la comunión entre los nacionalistas de pistola y los de corbata. Éste le tranquilizó diciendo que él trabaja desde tiempo inmemorial y con gran éxito, en la “comunión” entre vizcaínos, guipuchis y patateros… que se les ve de lo más unidos. Satanás sonrió por primera vez.

Los tumbaneos ( VII )

Los TumbaNeos dice:
Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad
Eclesiastés 1.2
Superbio estaba enfadado por no haber sido él el encargado de abrir o de clausurar el concilio. Comenzar su exposición detrás del envidioso y delante del avaricioso le pareció una ofensa del Patrón del todo intolerable. Lo más enojoso era que no había nada que hacer: donde manda Patrón, ni te cases ni te embarques. Habló Superbio, con su engolado tono, de la vanidad de los humanos que se creían el centro del Universo: los hijos no respetan a los padres, los padres no respetan a los ancianos y los ancianos no respetan… a las ancianas. En su arrogancia han cometido su más grande error: no creen en nada. -Bueno es para nosotros que no crean en sus diosecitos, pero he conseguido que ya ni crean en ellos ni en nosotros. Y cómo no nos temen, ya que dudan de nuestra existencia, nos permiten todas las diabluras que cometemos-. Sin mi influencia nada habríais conseguido vosotros, mis mediocres colegas. -¡Jo! Qué bien habla- dijo Invidio. Orgé se soltó con un: puto melenas engreído.
Dos calles más abajo una ancianita se acercó a un municipal para preguntar por el hotel y éste le contestó que tenía cosas más importantes que hacer que preocuparse por nimiedades. -Ahí delante lo tiene- la informó al fin de mal café. La ancianita entró en el hotel y preguntó a Susi por el cocinero. Susi, molesta, le dijo que quién coño era ella para molestar al chef. La ancianita, casi sin voz, le aclaró que era su madre y que le traía unos chorizos y unos pimientos de Haro. Pensando en las viandas, la de Toro acompañó a la señora.
-¿Pero qué haces tú aquí?- gritó el hijo al verla. Soy un Executive Chef y no me pueden ver con una paleta como tú.
-¿Exe qué? -dijo la madre. Yo pensaba que eras cocinero. ¿En qué líos te has metido, hijo?
En ese punto nuestra Susi ya estaba cortando el chorizo y el director buscaba pan; la freganchina fue a por cava caro.
-Pero bueno, madre ¿Cómo se te ocurre venir? Deja los choris y sal de aquí que me comprometes -decía nervioso el exe qué.
La madre, humillada, abandonó el hotel con lágrimas en los ojos. En la puerta intentó coger un taxi pero el taxista le negó la carrera porque le pareció poca cosa para su coche y además olía a chorizo. La viejecita (que no doña Viejecita) se fue caminando calle abajo pidiendo a la Virgen de la Vega por su hijo.
Superbio seguía con su bien construido discurso cuando fue interrumpido por Satanás. -¡Una mujer se os ha escapado del hotel rezando!- gruñó. -Maldita virgencita jarrera -añadió Orgé. -La muy…tiene un gran poder -soltó Invidio. -No os preocupéis -les calmó Superbio- La he dejado escapar, es sólo una vieja inofensiva, sigamos.
La reunión continuó como solía: todos discutiendo y hablando mal uno del otro. Acedio se llevó dos collejas más y Satanás se volvió a llevar las manos a la cabeza.

Los tumbaneos ( VIII )

Los TumbaNeos dice:
Philargurio era muy suyo, aunque más bien podría decirse que creía que todo era suyo. El Ceo, con un ligero movimiento de rabo le indicó que era su turno. Se dirigió al atril pisando de puntillas para no desgastar los zapatos ¡Qué buenos le habían salido! Trescientas pesetas le habían costado en un baratillo de Villagarcía de Arosa y aunque lo que se dice de piel no eran, hacía más de diez años que funcionaba el euro y como nuevos. Se colocó frente a sus compañeros con un cuaderno de papel reciclado que había comprado en un chino a 0.20 céntimos y lo abrió. Se atusó el pelo y una nube de caspa cayó sobre sus hombros: el champú de 0.60 céntimos que utilizaba no era muy bueno, pero hacía espuma y era barato. Se apretó el nudo de la corbata, pero como no llevaba, por no gastar, se rascó una oreja. Acercó la vista al cuaderno. Como veía menos que un ratón de cemento, y unas afelú valen un huevo, le pidió prestadas sus gafas a Orgé que le dio un corte mangas. El Ceo ya se estaba impacientando. -¿Vas a comenzar de una maldita vez, Tópamí? –le gritó. El Ceo le llamaba siempre Tópamí por su tendencia a expropiar todo que podía.
En la cocina nuestro executive-chef recibía un sobre reventón del carnicero. Firmaba albaranes hinchados al carnicero y luego se repartían las ganancias. El pescatero, el frutero y hasta el de los recambios de la máquina de condones utilizaban el mismo método. Tenía el cocinero más peligro que Julián Muñoz firmando permisos de obra en el ayuntamiento de Marbella. Nuestra Susi hacía tiempo que conocía el tejemaneje y se apresuró a la cocina a por su parte del botín. -Que una será ex-mojigata, pero no gilipollas – pensaba para sí. Acumulaba las ganancias obtenidas y se las llevaba a casa en bolsas de basura, cual Maite Zaldivar, en su Seat Ronda de tercera mano. En el hilo musical del hotel sonaba en aquellos momentos “Hoy quiero confesar” de Isabel Pantoja.
En el callejón trasero del hotel, entre cartones, un indigente descubrió que le habían birlado un tetrabrik de vino D. Simón; en su habitación, el representante de Cartagena se preparaba en aquellos momentos un kalimocho con Casera Cola.
El de Apatamonasterio intentaba introducir sin éxito la nevera de la habitación en su maleta. Tras varios intentos infructuosos decidió meter la maleta en la nevera. Tenía la duda de si los billetes del Monopoly pasarían inadvertidos a la hora de pagar la cuenta, pero como el “No” ya lo tenía, no había nada que perder.
Las dos señoras de Burgos salieron a dar un paseo por los alrededores. Una de ellas llevaba los vasitos con las bolas, la otra la mesita plegable. Eran unas entusiastas de los juegos de mesa, sobre todo del “trile”.
Philargurio terminó su exposición cerrando el cuaderno de todo a cien. La crisis mundial que había conseguido montar gracias a la avaricia era un gran logro, pero no lo eran menos las comisiones de los Bancos, las disputas familiares por causa de las herencias, los problemas conyugales que generaban los compradores compulsivos, las amistades perdidas jugando al tute por no pagar un Coca-cola…
Se retiró a su asiento mientras sus compañeros permanecían en silencio. Una mosca voló en medio de la habitación; el Ceo la mató con el rabo. Philargurio alargó la mano para recogerla; Gastrimargio fue más rápido y se la comió.

Los Tumbaneos ( IX )

Los TumbaNeos dice:
El Ceo estaba contento. Los resultados expuestos en la convención y las perspectivas de futuro eran diabólicamente esperanzadores. La empresa no se había visto afectada por la crisis; es más, ayudaba mucho. Satán feliz observaba a sus delegados. –Pero, qué malos son estos cabrones –pensó orgulloso. Ellos, a su vez, esperaban expectantes el discurso final de El Patrón.
- Os felicito –dijo. Habiendo escuchado vuestros informes tengo que reconocer que me servís bien… y quien bien me sirve recibe su recompensa. Sacó una maleta de debajo la mesa y la abrió sobre ésta. Vuestro premio, les anunció.
A Gastrimargio le dio un palillo de dientes que iba perfecto para la gula. Para la pereza de Acedio nada mejor que una radio-despertador que siempre sonará a las 8 menos veinte de la mañana con Onda Cero; la lujuria de Porneio fue premiada con una fotografía firmada de Charlize Therón en traje de buzo. Orgé, iracundo donde los haya, recibió dos sobres de manzanilla y uno de menta poleo. Nada mejor que un champú anticaspa del Mercadona para reconocer la soberbia de Superbio y una acción de Bankia fue el detalle por la avaricia de Philargurio. Como no se le ocurría nada acorde a la envidia de Invidio le dio una hipoteca al 15% TAE. Los delegados aceptaron los obsequios con muy mala baba; como tiene que ser en un demonio que se precie. El Ceo reía a carcajadas.
Llamaron a la puerta y se escuchó la voz de la cachonda ex-mojigata – ¿Señor Legión…? ¿En recepción preguntan por usted?
-¿Quién demonios se atreve a interrumpirme? – gritó enfurecido el Ceo.
- Demonios, demonios, no parecen exactamente –contestó la recepcionista- son un viejecito con barba, un anciano vestido de blanco dentro de una cabina de teléfonos y un hippy poco marchoso.
Decenas de alas blancas golpearon con fuerza las ventanas; los cristales estallaron; la luz del amanecer iluminó la estancia y los siete demonios se aterrorizaron. Maldiciendo en extraños idiomas se introdujeron etéreos por las uñas de Satán que los convocó con los brazos en alto. Hubo una gran explosión y después… nada; en la estancia no quedó ni el palillo de dientes de Gastrimargio, tan solo olor a azufre y una gran fetidez.
Ha pasado un año exacto desde la convención. La recepcionista ex-cachonda y mojigata de nuevo, se recluyó en un convento de clausura. El director es ahora Ministro de Trabajo. Las dos señoras de Burgos montaron una empresa de lechazos y se están forrando las tías. El cocinero ganó el MasterChef y ahora es colaborador en Canal + Qatar; reconciliado con su madre la llama todos los Jueves. La freganchina se casó de penalty con un liberado sindical, tiene “chacha” rumana y va a un gimnasio VIP. Una de las camareras desapareció junto con el portero; la otra desapareció también con el portero. El camarero tragón creó un App para hacer dietas. El vendedor de máquina-herramienta de Apatamonasterio presenta el tiempo en la ETB 2. El joven paliducho con camiseta del Real Madrid juega en el Barça B. El municipal que recibió un disparo de su compañero en salva sea la parte, aprovechando la pérdida se llama ahora Encarni; su compañero comparte piso con él y le dispara siempre que puede pero nunca por delante. El representante calvo de Cartagena se lio con la operadora de Orange pero duraron poco por falta de comunicación. El subdirector trabaja en Telepizza de repartidor en Vespino y el botones, ahora con tirantes, es el director del hotel.
Son las doce de la noche. El ascensor abre sus puertas. La monjita cuelga en su interior con los ojos desorbitados. Guiña un ojo. Mi nombre es Legión… porque somos muchos.

sábado, 17 de agosto de 2013

Lío.

eltumbaollas dice:
Yo me hago mucho lío. Los del PP son nazis? Stalin era nazi?
Se puede llamar fascista a cualquiera pero no a los nazionalistas?
Yo soy fascista? se cobra por ser fascista?
La Mari es fascista?
Los comunistas son buenos?
Stalin era bueno pero no comunista?
Franco era del PP?
el patio de mi casa es particular?
Un cacho de Murcia es Cataluña?

Saqueo de Castro Urdiales.

eltumbaollas dice:
Hoy hace doscientos años de la destrucción, incendio y saqueo de la villa marinera de Castro Urdiales. Más de la mitad de la población fue pasada a cuchillo. Ancianos, párvulos, lactantes, mujeres, nadie se libró de la matanza. Sitiados por franceses e italianos el pueblo se entregó con denuedo a la defensa al mando del mezquino Teniente Coronel del Regimiento de Iberia Pedro Pablo Álvarez y sus mil quinientos hombres bien pertrechados. Una flotilla inglesa llegó en auxilio de los sitiados y los militares españoles aprovecharon para huir por mar abandonando al pueblo. La bravísima población castreña enarboló bandera negra amenazando con no dar cuartel ni solicitarlo. El resultado fue desolador, asesinatos, violaciones y quema de la casi totalidad de las casa de Castro. Sorprendentemente muchos de los que se salvaron lo hicieron al refugiarse en el convento de Las Clarisas único convento o Iglesia respetada por el francés. Aún hoy se pueden apreciar los efectos del saqueo y quema.
Cuando todo acabó las protestas del pueblo de Castro por el comportamiento de los soldados españoles no se hicieron esperar. Seis años después (seis) se acercó a Castro una comisión para iniciar causa de los hechos. El Coronel Fiscal del Consejo de la Guerra establecido en Valladolid se hizo acompañar por el encausado Teniente Coronel Álvarez lo que provocó la indignación del populacho que les escracheó en la posada de la Puerta de Bilbao hasta que provocaron la huida de la comisión a Laredo y después a Santoña. Un poco más y los castreños les empujan hasta Galicia. Allí en Santoña la comisión determinó que todos los testimonios encontra de Álvarez eran falsos y que no había causa.
Esta España nuestra tiene la marca diabólica de sus dirigentes y el honor y coraje de sus ciudadanos.

lunes, 12 de agosto de 2013

Predadores.

tumbaollas dice:
A veces fumo marihuana y veo los documentales de la 2, Mi mente se pierde y acabo creyéndome un macho machote por encima del alpha. Jo, putos animalejos tan competitivos. Una vez vi un docu en el que se mostraba que tras una gran sequía casi todos los predadores, que son los mismos que los depredadores pero sin el de, se volvían caníbales. En África y por ahí, en Indonesia o Australia, en los sitios más lejanos no hay uno que se salve, los animalejos son gentuza. Yo que no sé comer sin pan ni sal no encajo ahí, en la selva esa donde el más cabrón triunfa y los flojos mueren.
Aquí en el estadío de lo bienestá sobrevivo con holgura y me sobra para yerba que como soy omnívoro, si cocinado, me la fumo.
No como humanos ni humanas, me apareo cuando me reclaman y me pagan en euros con los impuestos de otros cabrones que ganan mucho.
A mí me gusta así. Igual apadrino un perro y me compro un xilofón.

Apearse de la burra.

eltumbaollas dice:
Buenos días
hace tiempo yo también me apeé de la burra.
Así lo escribí hace mucho tiempo:
Compartíamos dos botellas de Johny Walker Green Label con un grupo de músicos Taarab a las puertas del Kibokoni Palace, un burdel de cinco plantas al que todos llamaban La Boite. Mi socio Zacarías, un angoleño de ochocientos metros cúbicos, reía y bailaba y pasaba la botella a los músicos mientras yo reposaba la embriaguez en una esquina donde los perros se aliviaban. Era, entonces, Mombassa una ciudad impertinente y el barrio de Kibokoni, junto al puerto, una entrada al infierno. Un blanquito acompañado de un gigante angoleño era algo muy tentador.
Entre la melopea atisbé un brillo que atravesó el cuello de Zacarías y su cabeza se descolgó hacía mí. Vi unos ojos rojos, de enajenado, y otro brillo que se dirigía a mí. Oí un estruendo en mi cabeza y sin venir a cuento me poseyó la calma, se distanció tanto que se transformó en visible. Vi mi calma y mis pensamientos se elevaban y los veía marear con el viento. Noté el levitar y oriné entre gozos. Era la Muerte, luego vino el frío y un aire denso que no se dejaba respirar. Pensé que mi socio Zaca tampoco podría respirar.
Sentí un inmenso dolor en mi cabeza y comprendí que no había muerto. Añoré la calma de la muerte próxima y maldije la vida de dolor. Abrí los ojos y no supe dónde estaba. Los cerré. El insoportable dolor y la sed me obligaron a abrir los ojos de nuevo. Estaba a bordo, lo que me pareció como estar en casa y me acordé de Zaca.
Me explicaron que Zaca, decapitado a machete, quedó en la morgue del Fuerte Jesús, que yo había recibido un machetazo en la cabeza que milagrosamente no fue mortal y que navegábamos rumbo a Puerto Victoria donde desembarcaría y tomaría un avión a Ciudad del Cabo y desde allí a Frankfurt.
Pensé en Zaca, el negro gigante, recordé la seguridad que me daba andar con un titán como él y como vi caer su cabeza. Reparé en que me faltaban una cadena con una cruz de oro que me regaló la tía Pruden en mi primera comunión y un Seiko de canarias que me compré una navidad solitaria. Lloré por todo.
Así me caí del caballo, necesitando de un titán acabado a machete y de un hombre como yo al borde de la muerte. Dejé de navegar, los burdeles y el scotch. Y me fui a Artea donde cultivo calabazas, pimientos y tomates. Y mi Alma vacía se comienza a llenar.

Conferencia.

eltumbaollas dice:
Buenos días,
Estaba Bilbao raro, de gris caliente y llovizna de tierra. Vi algunos tipos con camisetas extrañas; los de Lisboa.
Me enamoré, por su nombre, de una mujer llamada Rosa Lisboa. Me hacía sopa de ajo cuando cobraba la renta de un piso que heredó en Arangoiti. Ella lo llamaba arriba de Deusto. Yo llevaba vino barato y tabaco y hachís y el ansia y le decía que arriba de Deusto estaba yo y otra vez el ansia. Luego volvía andando.
Al llegar a la cosa una señora de atrezzo con el pelo verde me miró y pensó: “este tío raro con uniforme nuevo tiene pinta de ser de ETT”. Yo pensé en lo buena que estaba.
Saludé al Belosti, un tipo amable, cariñoso de lo más cordial. Hablé con él tres minutos y me dio tiempo a confesar, escuchar y ser absuelto. No me digan que no es un tipo raro. Tres malditos putos minutos y salí duchado. Ojo, también afeitado. Bien vale un tesoro un minuto con Belosti.
Como chavalillas de insti sonreían y escrutaban todo Miss Cat y Catalina. Allí fui yo. Recién duchado, al calor. Miss Cat elogió su labor a don Rubin de Cendoya, el tigre de la Memoria.
Soy partidario a lo fan del tal Fabián Rodríguez Pozo. Qué tío. Sin manipular la realidad como dice que hace Hitchcock.
Anduvo generoso el Patrón, saludó a remeros añejos y de temporada mientras la buenorra del pelo verde hacía fotos. Yo ponía cara de concentrado por si salía en alguna y una vez de no respirar me puse morado y luego estuve rojo un rato. Yo siempre me lo paso en grande.
Desde víspera no había probado vino ni mujer para estar lo más atento posible y también porque luego huelo a vino. Ay, me pasé toda la conferencia pensando en un trago y en la jai del pelo verde. Sobre todo en ella.
Entonces la vi salir, la seguí y al llegar al hall, donde reposaban la tarde dos ertzainas,
le dije: “Oú vas tu poulet?
Sonrió y caminamos del brazo por la calle Luchana en busca de un taxi. Ella se apretó a mí bajo la lluvia, radiante con su pelo verde y yo con mi mejor cara de jabalí.
Al llegar a Urquijo, en un semáforo con piopíos para ciegos, acarició mi oreja con su lengua y susurro: “travesti”.

Vasco.

eltumbaollas dice:
Aportan razones, razones de peso.
Aportan datos, datos de peso.
Pero me niego a renunciar a mi querido Athletic.
Me niego a repudiar a mi querida Euskalherria.
Me niego a dejar de sentir orgullo de ser vasco.
A pesar de las atrocidades e iniquidades que en su nombre se han hecho, se hacen y me temo se harán.
A pesar de sentirme extranjero en mi propia tierra.
A pesar de ser como los negros en la Sudáfrica del aparheid.
Cómo recordaría yo a mis abuelos con dignidad, si renunciara a lo que tanto amaron y me hicieron amar.
Es mi contradicción, con la que convivo cada día.
Pero amo a mi Bilbao, con su Athletic, a mi Vizcaya y a mi Euskalherria.