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domingo, 25 de agosto de 2013

La derecha del cementerio.

Neo... dice:
Siempre hay que buscar a alguien a quién echar la culpa. Cuando los huesos de Franco ya han llegado al límite y no son útiles ni para dar sabor en cocidito madrileño, se buscan otros huesos que carguen con la culpa de lo que pasa en el País.
Aznar, aunque de osamenta pequeña, tiene para varias décadas, así que tiramos de él.
Mariano podría ser una continuación pero, como todavía no está muerto políticamente, por ahora, la sociedad española se conforma con acordarse de sus muertos (aunque los fallecidos de Bárcenas, Gallardón, Camps, Cospedal, etc son toqueteados de vez en cuando).
Lo que me llama la atención es que los profanadores de tumbas, por motivos que no llego a alcanzar, siempre se dirigen a la derecha del cementerio. Debe de ser que en el lado izquierdo del mismo solo reposan los restos de los incinerados; y como todo el mundo sabe, las cenizas… las cenizas son del viento.

sábado, 24 de agosto de 2013

Felipe.

Neo... dice:
Una bobadita.
Un ciego con pistola.
Era gallego y disparaba de oído. La vida le fue esquiva desde que nació. En vez de darle un cachete con la mano en el culo para que no llorara, la matrona le pego con una malla de mejillones de la Ría de Arosa, con tan mala suerte, que se le incrustó uno de ellos en el ojo derecho. La visión del izquierdo la perdió antes que la virginidad, pero no recuerda exactamente donde. El sentido auditivo lo tenía por encima de la media, del de la vista carecía, el “sexo” sentido no lo cató hasta que le pilló una “pilingui” por banda y le cobró cuatrocientos euros por un “completo” (le salió caro el café y bien que lo sintió), pero lo que es de memoria andaba fatal.
Harto de verlo todo negro, decidió dedicarse al tiro al blanco. Se compró un tirachinas, pero viendo que guiñara, al apuntar, cualquiera de los ojos no había forma de acertar al blanco,ya que el blanco se movía y lo captaba con el oído, pero las piedras conque cargar el arma no había forma de localizarlas.
Se compró una pistola en un chino. Era buena: seis balas, cartucheras y sombrero de cowboy venían en mismo pack por tres euros sesenta. Se sentaba en el banco de la plaza todos los días, a las tres de la tarde, y se dedicaba a disparar a todo lo que se moviera y produjera algún ruido. Después, se levantaba, se calaba el sombrero y se dirigía a vender cupones frente al ambulatorio.
Un día vació el cargador completo contra el mismo objetivo: un ruido atronador acercándose de frente. Fue la última vez. El conductor de la excavadora juró y perjuró que no le había visto.
-¡Joder, si hacía ya cuatro días que habían avisado de las obras en parque! -declaró el contratista en el juicio. ¡Unos letreros así de grandes!
Al funeral solo acudió su amigo Felipe. Este tenía también muy desarrollado uno de sus sentidos: el olfato. Felipe era capaz de distinguir, solo con olerlas, las bragas usadas de su mujer entre las bragas usadas de todas las mujeres del barrio. Es más, era capaz de clasificar las bragas de las vecinas por calles, portales, pisos y manos sin cometer ni un solo error. No era muy querido en el barrio… por los vecinos.
No sé cual de los dos tenía más peligro: el ciego con su pistola o Felipe con la suya.

sábado, 17 de agosto de 2013

Los escraches

Neo... dice:
Ah, los escraches.¡Qué bonitos son!
No hay nada mejor que dedicarse uno a empapelar fachadas con carteles de “Se Busca”, como en las películas del Oeste, para que la ciudadanía sepa quién es el malo y así poder hincharse de orgullo por el bien realizado a esta nuestra comunidad. Es una acción tan meritoria que incluso nos permite dormir a pierna suelta sin ningún cargo de conciencia. El bien contra el mal. Y a mas escraches, mejores somos.
Lo que no entiendo bien es lo de “Se Busca”. ¡Coño! (perdón). Si sabes donde vive y sabes donde trabaja, para que necesitas el cartelito; vete donde él y ya lo has encontrado, ¿no?
Y otra cosa: los gastos de los cartelitos ¿quién los paga? Las subvenciones ¿no? Porque si los tuvieran que pagar los encarteladores con un trozo de tiza te montaban el anuncio en la pared.
Y otra cosa más: ¿Estos escrachadores tienen la suficiente moral para realizar este acto? ¿No será que son unos “ojivigas” buscando pajas (perdón) en manos ajenas? Es cierto que maldad de muchos, consuelo expropiado, pero ¿quién es el guapo (o feo) que se planta ante ellos para aplicarles la ley?
Uno de los primeros escraches que se hizo; y este si que fue bueno, creo que lo realizó un tal Jesús (el nazareno le llamaban). Ante la turba que se proponía apedrear a una mujer pillada en flagrante adulterio; y no olvidemos que la mujer no era inocente, que fue pillada y bien pillada, el nazareno se puso a escribir en el suelo varios “Se Busca” con el nombre de los allí presentes. Y todos, empezando por los más viejos, abandonaron el lugar. Muy justos e inocentes no debían ser.
En España no es que no quepa un tonto más, es que sobran salvapatrias.
Cuidado escrachador, que al nazareno le azotaron, le escupieron, le insultaron y lo clavaron en una cruz hasta que murió. No sea que los carteles se vuelvan lanzas y luego no vayamos a empezar con el ” que era broma”.

lunes, 12 de agosto de 2013

La cadera del Rey.

Neo... dice:
Yo no veo que sea noticia el que al Rey le hayan operado de una cadera. Noticia sería si le hubieran operado de fimosis.

viernes, 9 de agosto de 2013

Urkullu no es español.

Neo... dice:
Urkullu no es español, se nota a la legua… y en la lengua. Un español no habla como él: pausado, pensando lo que dice. Aunque claro, lo de hablar de esa manera tan característica viene de que piensa en euskera y tiene que traducir al maketo. Un español no habla, así; un español grita al hablar y si no se le entiende grita más fuerte, que para eso el castellano viene del latín, ¡joder! ¡ME HABÉIS ENTENDIDO!
Y esas disculpas por no asistir a un evento tan importante… conciliación familiar, dice. ¿Qué pasa? ¿Que estaba “mosqueao” con la parienta porque no le deja consumar? ¿Que la contraria le ha propuesto un “derecho a decidir” si hay tema o no hay tema? ¿Que se quiere anexionar a algún navarro al tálamo nupcial? ¿Que a ella no le gusta el francés y él erre que erre con Lapurdi y Zuberoa?
Un español no anda con esas tonterías. Un español si no quiere asistir a un evento tiene su consabido: Oye, que llamo porque estoy en un atasco; y si hay que avisar con tiempo recurre al: Que tengo funeral mañana. -Oye, pero a ti no se te han muerto ocho abuelas en menos de tres años-. Un español tiene una abuela por parte de madre y varias por parte de padres.
Sí, Urkullu no es español… lástima que lo sea.

Finiquito de Córdoba.

Andoni dice:
Finiquito de Córdoba: Gran torero especializado en despedir a los toros con una gran desregulación ultraliberal al volapié.

jueves, 8 de agosto de 2013

Cambio de hora Pascual.

Neo... dice:
Querido Dios:
Ya se que eres todopoderoso y omnipresente. Sé también que enviaste a tu Hijo para poder reconciliarnos contigo y con ello vencer a la muerte. También sé que prometiste una segunda venida de Jesús, y que tendría lugar una noche de Pascua. Creo que ya lo habrás tenido en cuenta pero, ya sabes…, por si acaso, te lo recuerdo: Esta noche es la Pascua. Llevamos más de 2000 años esperando… Si por una casualidad (lejos de mí intentar influir en tu voluntad, que lo sepas) hubieras decidido enviarlo hoy, no lo hagas a las dos y media de la madrugada. Es que no hay dos y media: de las dos se pasa directamente a las tres. No vaya a ser que el chaval se pegue el viaje para nada y nos hagas la Pascua otra vez.
Atentamente, cual hijo amado por su padre: Neo.
Pdta: Si no lo vas a enviar esta noche, avísame. Para echar una cabezadita entre Palabra y Palabra, digo.

Langostinos.

Neo... dice:
Una vez me comí un langostino. Sí, juro que es verdad: una vez me comí uno.
Ocurrió diez años después de descubrir que había ricos y pobres. El yogur, el yogur tuvo la culpa de tal descubrimiento. Mi madre me compró un yogur; producto nunca visto en la Andalucía que dejaron atrás para trasladarse a Bilbao en busca de una vida mejor. Era natural y me lo comí sin azúcar. A mí lado un niño feo como el demonio, pero sin agujeros en los zapatos, comía otro mientras me miraba con desprecio. A mí me dio una arcada con la primera cucharada; el gilipoyas se reía: el suyo era de fresa. Ese día me dí cuenta de que hay yogures y yogures, como hay niños y gilipoyas. El siguiente yogur que le pedí a mi madre fue de sabor a fresa; me dio un guantazo; me supo mejor que el yogur natural sin azúcar. Decidí que no volvería a recibir más tortas de mi madre. No fue posible (lo de las tortas) pero jamás le volví a pedir un yogur. Es más, no he vuelto a probarlos.
El langostino no lo pedí, me lo ofrecieron. Yo, que soy de buen conformar y agradecido, lo acepté y lo comí. Mi vida cambió completamente. Me volví hosco y huraño, “hagarrado” se podría decir por seguir con palabras que comienzan con “H”. Algo me llevaba a desear a atiborrarme de langostinos como derecho adquirido y como es natural me convertí en un fascista de tomo, lomo, langostinos y caviar.
Maldito sea el yogur natural que me llevó al ser inmundo que soy.

Qué lástima.

Neo... dice:
Cuando un gesto tan simple como el de Basagoiti merece tantas alabanzas algo falla.
El gesto ha sido leer la lista de 857 víctimas ante sus verdugos (incluyo en el término verdugo a los que de una forma u otra dan por bueno cada uno de 857 asesinatos). Victimas políticas llaman a cada una de éstas pérdidas humanas, como intentando lavar la conciencia que no tienen, como queriendo excusar su apoyo, y en algunos casos hasta regocijo, cuando algún asesino sin escrúpulos y sin un solo mínimo de humanidad decidía, cual ser superior, acabar con el don mas valioso y preciado que tiene un ser humano: la vida. Un gesto sencillo y de lo más simple: poner delante los hechos. Unos hechos que parece que tienen ser enterrados, al igual que lo fueron sus inocentes protagonistas. Cómo es posible que este hecho, el leer los nombres perdidos, llame tanto la atención y haga parecer al que lo ha realizado una especie de valiente. Algo falla, repito; y todos tenemos culpa de ello. Unos por cobardía; otros por falta de decisión; otros por intereses propios; otros porque: cómo voy a unirme con los de la derecha, o los de la izquierda.
Asco es lo que siento. Asco por los que impertérritos escuchan los nombres de 857 personas y no se les mueve ni un poquito el corazón.
Asco por los que han decidido ejercer como representantes del pueblo y solo son representantes de sí mismo, buscando su propio interés.
Asco del que escucha 857 vidas que fueron segadas por un metro de tierra y se dedica a bajarse algo de Internet; muy bueno tenía que ser lo que se descargaba para anteponerlo al dolor de 857 familias que se encontraron en lo más duro de la vida: la pérdida de un ser querido y además por la espalda y sin poder defenderse.
Algo falla cuando este gesto que ha realizado Basagoiti no se ha sido en común; olvidando dos formas de comprender la economía, dos formas de repartir la riqueza ; dos formas de pensar diferentes, pero que ninguna de las dos antepone la vida humana ante sus ideales.
¿Nadie leyó esta lista a los del Tribunal Constitucional? Nadie leyó esta lista a los que se han bajado los pantalones ante las exigencias de los asesinos?
Quitemos la bandera española de las instituciones, sí, y la ikurriña, y el retrarto del Rey y el del Lendakari; y pongamos esta lista en su lugar para que no olvidemos los hechos. Las cosas son más sencillas de lo que las hacemos. Pero para esto falta un mínimo de unidad, un mínimo. Y no lo hay.
¡Qué lástima!
Qué fácil sería ponerse de acuerdo en esto. De lo demás ya discutiremos.

Achorramiento.

Neo... dice:
Se dice, se comenta, se rumorea que el pecado de los españoles es la envidia; puede ser. Es cierto que la utilizamos hasta para hacer ensaladas (¿quién no se ha comido una ensalada de envidias a la vinagreta ez), pero hay otro pecado que supera al anterior: el achorramiento… y en sus dos acepciones (bien arrimadas a los pecados de la mentira y la ira).
La primera acepción de achorramiento, ligada al pecado de la mentira, es la innata costumbre del varón español que, al cuantificar la medida de su miembro viril, llega a asegurar que el espacio comprendido entre el filtro de un Ducados y el final del mismo son veintiocho centímetros. Pecado gordo donde los haya, dependiendo claro está del número de centímetros añadido, no deja de pertenecer al ámbito privado de los colegas, y queda de manifiesto y a la luz cuando el pecador, tras gran partido de futbito, sale con el : yo me ducho en casa. No influye en demasía en el conjunto de la españolidad y puede darse un pase.
Pero la otra acepción de achorramiento es más común ( ya que puede darse incluso en mujeres) y de lo más variopinta, que atañe a un compendio de acciones realizadas por nosotros los españoles ( vean mi humildad al no excluirme) en nuestro cotidiano que hacer; aunque sea hacer el ridículo. Por eso va ligada a la ira: que dan ganas de mandar a ir a tomar pól culo.
La última muestra de achorramiento se puede ver claramente en el malestar por parte de asociaciones de laicos y ateos ante la genuflexión exagerada que ha realizado este nuestro presidente ante su Santidad Francisco; y al elevado número de los componentes de la delegación gubernamental que acudió al acto de entronización del padre Gorge. Ole, ole, y ole. No somos mas chorras porque no somos liberados. España es un país laico, dicen. Saben lo que flota en el Ganges a la hora punta? Pues eso: una mierda.
Mariano no tenía que haberse agachado ante el paso del sumo pontífice: lo correcto hubiera sido haber permanecido sentado cual mirador de nubes ante la bandera de estados unidos. Cómo es posible que el presidente del Gobierno sa católico. Esa chusma que se dedica a proclamar la paz, la limosna, el amor al enemigo, y formar Ong´s cómo Cáritas en la que sus miembros son voluntarios, sin estudios… y sin cobrar.
Habría que aplicarles a los cristianos la doctrina Parot. Cuantas más obras de misericordia realicen, mas nos cagamos en su Dios, en todos sus santos y en la madre del cordero.
Lo dicho: Los españoles no somos envidiosos, somos más chorras que la de Nacho Vidal.

Educación.

Neo... dice:
El problema de la educación no solo existe en España, sino que es algo que ocurre en todos los lugares de la Tierra: en todos los lugares de la Tierra en que hay lo que normalmente se suele llamar “el ser humano”. El llamado “ser superior” de la Creación tiene un grave problema: es un inútil… y en su casa no lo saben. Cómo va ser superior algo que ha sido creado al final y a toda prisa porque llegaba el fin de semana. A las pruebas me remito: en el patio del colegio, cuando se elegían los integrantes para formar los equipos, el “gordo” era el último… y se le ponía de portero. Y en cualquier fila, sea de cine, fútbol, un concierto o la carnicería de la plaza siempre se cuelan los listos. Así que de superior, nada de nada: el hombre es lo mas tonto que pulula por la faz del planeta… y ese es el motivo por lo que necesita educación. Fíjense en los “ñus” de la sabana africana: salen de la placenta, pegan tres trastabillazos, y ya están corriendo como locos buscando la ubre de la madre para alimentarse. El humano no: le tienen que ayudar a salir, que parece que le ha cogido el gusto a estar sin hacer nada, hay que darle de “ostias” para que abra la boca y respire; y lo de correr, vamos… alguno no ha corrido ni cuando vio venir el camión que le llevó a mejor vida. Lo de buscar la ubre es otro dato importante: hay que dirigir su boquita hacia el pezón porque no sabe; eso sí, luego aprende el camino y, sobre todos los machos, aunque no todos, y también alguna hembra, se pasan el resto de su vida buscándolo, aunque sea pagando.
Por consiguiente podemos llegar a la conclusión de que el problema de la mala educación es por su necesidad para el ser humano; y depende quién la dé será buena, mala o “consiconsa” Si te la da el que pilla la tribuna en un Barça-Madrid, puedes estar contento; pero como sea un tipo con un palo pinchaoen manteca en plenas “Fallas”…

miércoles, 7 de agosto de 2013

La tortilla.

Neo... dice:
Suave olor en la cocina
deja este delicioso manjar
mezcla del fruto de la gallina
y de lo que surge en el patatal.
Dorado en aceite de oliva
sin cebolla, solo sal
en sartén férrea sin esquinas
fuego fuerte, infernal.
Dª Carmén se arremolina,
Tumbaollas solo mirar
Dª Pussy adoctrina:
sin cebolla no es igual.
Y la chusma en la sentina
dale que dale a opinar.
Y a mi me da inquina.
¡que yo solo quiero jalar!

Un beso en el metro.

Neo... dice:
Yo era normal hasta que un tipo me beso en la puerta del metro. Fue un beso casto, de amigo, sin lengua ni nada; ni siquiera rozó sus labios con lo míos sino que los apoyó dulcemente sobre mi mejilla.
-¿Tienes una erección? – me preguntó al oído, mientras notaba su cuerpo pegado y llegaba a mí su aliento color San Miguel.
-No, es el tabaco – le respondí-
Permanecimos un rato callados mientras nuestros cuerpos, casi imperceptiblemente, se movían como si bailáramos a cámara lenta la Marcha Radetsky.
-Tú fumas puros ¿verdad? – me preguntó en un leve susurro sin separarse.
-Sí… ¿Cómo la sabes? – contesté yo con una especie de nudo en la garganta.
- Por el tamaño del paquete. ¿Me das uno?
Me separé hacia atrás buscando la caja de puritos que tenía en el bolsillo derecho de mi pantalón y juro que oí algo parecido a cuando despegas una ventosa de un cristal. Ese ruido fue lo que me salvó de caer en las garras de aquel demonio disfrazado de amigo. Saqué un puro y se lo ofrecí. Yo me puse otro en los labios.
-¿Quieres fuego? – le dije mientras buscaba el mechero en el otro bolsillo.
- No me hace falta. Estoy ardiendo -me contestó mientras sus ojos brillaban con el reflejo de los faros intermitentes de un Talbot Horizón que había aparcado en doble fila.
Accioné el encendedor y él acercó su puro. Con ambas manos resguardó la brisa que en aquello momentos soplaba proveniente de Santurce. Elevó sus ojos hacia los míos mientras aspiraba y una débil llamarada surgió de la punta del cigarro; en ellos pude ver lava ardiendo y gente gritando. De repente todo pasó.
- Bueno, nos vemos.
- Vale, te llamo.
Desde aquel día no he vuelto a ser el mismo. Tengo pesadillas y me levanto por la noche gritando: ¿Quieres fuego? He acudido al sicólogo pero me cuenta no se qué historias de frustraciones infantiles. Sé que anda preguntando por mí, y que habla del tiempo, del tiempo que hace que no nos vemos; pero como ustedes comprenderán quien evita la tentación evita el riesgo… y a su prima.
Un día de estos le tengo que llamar…

lunes, 5 de agosto de 2013

Las niñas ya no quieren ser princesas.

Neo... dice:
Las niñas ya no quieren ser princesas. Los niños ya no quieren ser policías.
En infancias anteriores soñábamos ; ahora también… pero de forma diferente. Sueños infantiles que nos llevaban a desear ser algo cuando nuestro pubis pasara de parecerse al calvo de la loteria a convertirse en “el Sevilla” de Mojinos Escocíos.
Ellas (puaj, que asco -pensábamos de aquellos seres con coletas a los que no les gustaba jugar al fútbol ni liarse a pedradas por un “quítame allá tú no eres de mi barrio”-) soñaban con ser princesas. Su mente las llevaba al momento en que, embutidas en una vestido de mil gasas flotantes que resaltaba su cintura de avispa y mostraba al terminar su delicado y fino cuello “dos tetas mu gordas”, encontraban postrado a sus pies a un príncipe azul, que de lo azul que era y la la altura en que se encontraba, más parecía un pitufo, que un aspirante regio.
Ellos (nosotros) suspirábamos por alcanzar la profesión de nuestro padre, que siempre era policía. ¡Cuantos ladrones detuvimos! -porque solo deteníamos ladrones; los acusados por violencia de género no habían pasado a engrosar la lista de detenibles-. Qué orgullo recibir medallas al valor y pasear por la calle y notar el calor, el cariño y el agradecimiento de todos tus vecinos.
Ahora es diferente. Nuestro infantes sueñan con ser otras cosas. ¡Cómo va a soñar una inocente chiquilla encontrar el amor de un Duque en-palma-do, o a uno con capa que lo sacan del Museo de Cera en carretilla. Cómo van a desear nuestro niños tener que agacharse todos los días para comprobar los bajos del coche, o mirar de reojo a cada vecino con el que te cruzas llevándote la mano a la sobaquera.
Ahora los sueños infantiles se dirigen a ser tesoreros de partidos políticos, ministros de fomento o de interior… o de lo que sea; presidentes de Gobierno, ministras de Igualdad u otros que se inventen; políticos varios, alcaldes, concejales de urbanismo…
Sí, los sueños infantiles han cambiado. El problema no es el cambio, sino los valores a los que aspiran. Hemos pasado de desear el ser útiles a la sociedad a ser “tó pa mí” y que los demás se jodan.
Es triste ver la talla, no solo política sino moral de nuestro representantes, elegidos por nosotros, eso sí.
El ministro puede pensar lo que ha dicho, y se puede estar de acuerdo o no (yo soy más de lo primero que de lo segundo), pero eso lo dices en tu ámbito cercano; como lo deberían hacer los que están en el lado contrario. Este País es así.

domingo, 4 de agosto de 2013

Desaucio.

Neo... dice:
Yo también firmé sin leer la letra pequeña. Había estado echando una ojeada al mercado y ninguna me convencía: demasiado alejada del centro; poca comunicación; bonita por fuera pero un desastre por dentro; demasiado amplia; un poco estrecha: Algunas estaban bien pero eran de segunda mano y se las veía bastante usadas. Así que decidí que fuera de primera mano y a estrenar. En cuanto la vi me gustó a rabiar. Me dije: esta para mí. El precio me pareció asequible y aunque sabía que habría algunos intereses me decidí por ella. Tuve que luchar bastante para conseguirla ya que tenía varios pretendientes, pero yo, que soy muy cabezota cuando me propongo algo, me la llevé al huerto.
Era preciosa: alegre, luminosa, limpia. No había mayor placer para mí que llegar cansado tras un duro día de trabajo y entrar en ella. Aquello era el paraíso.
Los primeros años fueron bien. Pero llegó la crisis y la cosa comenzó a cambiar. Es cierto que al principio fueron momentos puntuales pero con un poco de esfuerzo conseguí salir adelante. Algunas veces vislumbraba brotes verdes y renacía en mí la esperanza. Merecía la pena sufrir un poco. Me había propuesto que sería para toda la vida y no cejaría para no perderla.
Pero la situación, en vez de mejorar, fue a peor. Lo que me pareció en su día asumible se convirtió en inalcanzable. Por más que me esforzaba nunca llegaba. Comencé a sentirme mal pensando que aquello por lo que tanto había luchado sería de otro. Intenté por todos los medios no perderla, pero nada funcionó.
Tengo preparada la maleta: llegarán a las doce. Saldrá de mi vida en un instante y ni siquiera me daré la vuelta para verla por última vez. Otro entrará por su puerta y se encontrará con el jardín de Edén que yo tantas veces disfruté y del que he sido expulsado.
En mi bolsillo llevo la carta. Creo que la dejaré pegada con cinta aislante en el lateral del puente hacia el cual me dirijo. Espero que el Sr Juez entienda mi letra. Tengo que reconocer que mi caligrafía deja mucho que desear.
No me arrepiento de lo que hice ni de lo que voy ha hacer.
Yo lo tenía claro cuando firmé. Y lo hice con ilusión ¿Quién no firma cuando se te ofrece lo que más quieres para toda la vida? ¡En la pobreza y en la riqueza; en la salud y en la enfermedad! ¿Quién no firma?
Si, creo que no leí la letra pequeña.

Dedos.

Neo... dice:
A los dos años supe cual era el dedo de sacar los mocos; el de quitarse la cera de la oreja a los cuatro; los dos de hacer pelotillas a los seis; el de “vete a la mierda” lo aprendí a los diez años; los dos de “te voy a cortar los huevos” a los doce; los cincodel gusto a los trece; los diez de tocar tetas a los diecisiete; los dos de los cuernosa los dieciocho; los tres de firmar hipotecas a los veintiseis… y ahora a mis cuarenta y nueve descubro el de acojonar.
Nunca te acostarás sin saber un dedo nuevo.

Joseph.

Neo... dice:

Se presentó en mi casa a media mañana. Yo, enfrascado en unas medias suelas que no terminaban de ajustar y jurando en hebreo, no le oí entrar. Creo que llevaba un buen rato observando mi lucha con aquellos zapatos que debían ser entregados antes de las seis de la tarde. Un buen negocio es aquel que cumple con la palabra dada; y yo llevo esta máxima a rajatabla… si no hay algún inconveniente de fuerza mayor, claro: mi mujer pariendo, un cáncer o cosas similares.
Unos leves carraspeos me hicieron levantar la cabeza. Era alto; la negra sotana resaltaba la blanca piel de sus delicadas manos, y su cabello, blanco también, coronaba un rostro redondo donde unos ojos hundidos me miraban fijamente. Nunca en mi vida me he sentido tan vulnerable como ante aquella mirada; pero no sentí temor.
Me levanté de mi mesa mientras dejaba a un lado el clicker, el gouger, el escarificador y el martillo.
-¿Qué desea, padre? –le pregunté.
Abrió una caja de color marrón que llevaba en las manos y sacó de ella unos zapatos.
-¿Podría arreglarlos?-me dijo.
Su voz era suave pero por la manera de pronunciar las erres supe que no era italiano: austriaco tal vez. Observé detenidamente los zapatos. Eran de piel de vaca, sin cordones, una costura casi imperceptible y perfecta unía la entresuela a la suela, eran de color rojo.
- Magníficos zapatos. –le dije. -Pero no veo que estén estropeados. Tienen unas pequeñas rozaduras que pueden ser cubiertas con un buen tinte y la suela presenta restos de tierra incrustada en el dibujo pero, aparte de eso, están perfectos.
- ¿Podría quitar la suela y poner otra en su lugar?
- No hace falta poner una nueva. Con un pequeño cepillo se puede limpiar la tierra que contiene y quedará impecable.
- No, hijo. Lo que quiero es quitar esa suela, pero que no se pierda ni un solo grano de la tierra. Es sagrada para mí.
En aquel momento tuve un “deja vú”. Yo conocía a aquel sacerdote… y había visto esos zapatos.
– Si me da una hora se lo haré encantado. Puede darse un paseo si quiere por los alrededores del pueblo o tomarse un café en la trattoria de enfrente. Es un lugar tranquilo y tiene un piano que los clientes pueden utilizar.
- Gracias, hijo. Me tomaré una buena cerveza alemana mientras espero y quizá toque ese piano. Por cierto ¿cómo te llamas?
-Giuseppe, padre. Giuseppe. ¿Y el suyo?
- Giuseppe, también.
A la hora en punto volvió a entrar. Su cara tenía ahora un color más sonrosado. Parece ser que no había tocado mucho el piano y se dedicó con más entusiasmo a la cerveza alemana hizo.
-Aquí los tiene, padre -le dije, mientras le entregaba el par de zapatos.
- ¿Y la suela antigua? –me preguntó con cierta preocupación en la voz.
-Aquí está, padre. Se la he metido en esta caja. No se ha perdido ni una sola pizca de su preciada tierra.
- ¿Qué te debo? –me preguntó.
- Nada, padre. No me debe usted, nada. Solo el haber podido sentir y oler la tierra que contenían sus zapatos ha sido suficiente pago para mí.
Cogió las dos cajas, se dio la vuelta y se dirigió a la puerta. Se detuvo bajo el marco. Su mirada se dirigió a la jamba derecha. Se volvió hacia mí y me hizo una pregunta extraña: ¿Cómo se llamaba tu padre? – Giuseppe también, padre. –le respondí.
-Adios, Joseph ben Joseph.
- Adios, Joseph. -Le respondí.
Me acerqué a la puerta para ver como se alejaba. Miré la Mezuzá. Mis labios comenzaron a rezar: Shema Israel, Adonai elohenu, Adonai head.
Me volví a mi banco de trabajo: aquellos zapatos debían de estar para las seis de la tarde. Yo soy un hombre de palabra.

Dimisión.

Neo... dice:
Y la historia dirá de él:
” Hubo quién dudo de los actos que él contaba de su juventud. Había sido curtido en mil batallas antes de su elección, pero pocos le creyeron. Fue elegido con rapidez. Tuvo gran empaque ante las dificultades que se le presentaron, aunque muchos le reprocharon que había cerrado los ojos ante graves problemas internos. Tras casi ocho años de mandato decidió marcharse, retirarse a un lugar tranquilo… y contemplar los cielos.”
¿BenedictoXVI?
Noooo, José Luis Rodríguez Zapatero.

Duele.

Neo... dice:
Duele la muerte de un inocente
mientras dura su recuerdo
en la memoria de la vida.
Duelen más los aullidos
de odio en las entrañas
del que cortó su edad.
Dolor por el que se fue
tomando un camino sin regreso
sin haber decidido partir.
Dolor por el que se quedó
sonriendo como sonríen
las hienas ante los despojos.
Y el dolor trae lágrimas
que no pueden ser limpiadas
con un soplo de olvido.
No olvides compañero
la sangre en las manos
del que ríe victorioso.
Que la batalla va perdida
pero levanta tu voz
para ganar la guerra.

El cuaderno.

Neo... dice:
El cuaderno.
Era rubio, tenía bigote y viejo. Cuando una persona está casada ya es vieja para un niño de once años. Había que añadir a su vejez un detalle insignificante, pero importante a la vez, en el devenir de la vida de un niño: era maestro. Don Tomás se llamaba, y francés, lengua y pretecnología eran las asignaturas que impartía; pero, por lo que recibimos de él, más bien se podría decir que repartía.
¡Y vaya si repartió!
Hay que decir que el reparto no era equitativo entre los alumnos de quinto del colegio Daniel Pereda Ayo. Don Tomás hacía distinciones sexistas a la hora de soltar el brazo: a los chicos nos daba un guantazo y a las chicas les daba un “azotito” en el culo. Ese era el motivo por el que la mayoría de nosotros nos planteamos en aquella época nuestro futuro laboral deseando ser profesores de francés, lengua y pretecnología: nos íbamos a poner moraos a tocar culos de chicas. Fermín Cantillano, el cuarto de la lista, no quería ser profesor; el deseaba ser alumna para que le tocaran el culo. Treinta años después lo encontré por casualidad en el Cine Consa, al que acudí a ver “La Casa de Bernarda Alba” dentro de la semana de Teatro de Santurce. Bordó el papel de Poncia.
Don Tomás tenía un cuaderno. Todos los recuerdos de aquel maestro van acompañados de su cuaderno. Lo llevaba siempre con él, en su mano derecha. Cuando daba clase lo dejaba cuidadosamente sobre el esquina superior del lado derecho de la mesa del profesor y cuando se marchaba lo recogía con mimo y se lo llevaba. Muchas veces intentamos echar una hojeada a su contenido, pero por más que lo intentamos nos fue imposible.
Don Tomás marcó la vida de aquel curso y nos dio bastantes certezas. Muchos de nosotros descubrimos que las chicas tenían culo; muchas de ellas descubrieron que los chicos tenían manos y Fermín descubrió que le gustaba el teatro. Pero en todos nosotros quedó la duda de qué sería aquel cuaderno: ¿Un diario? ¿Poemas de amor? ¿Contabilidad B?
Buenos días.