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sábado, 24 de agosto de 2013

La ducha de los animales.

Andoni dice:
Las fábulas parabólicas de Andoni.
En época de sequía los animales de la selva acudían a paliar su sed a la fuente de Mongabassi. Para evitar disputas se había colocado un dispensador de números a la entrada del oasis. De esta manera los animales solo tuvieron que preocuparse del acecho de los leones y no de los espabilados que se colaban a la hora de tomar el tan preciado elemento. La fuente tenía dos caños: uno grande por donde caían cálidas aguas termales destinado al aseo diario, ya que entre los “acudientes” no había ningún guarro; si acaso algún jabalí verrugoso, pero limpio donde los haya; y otro caño pequeño que surtía de fresca agua para el consumo “bebestible”.
Ni que decir tiene que ambos caños eran utilizados por igual, ya que no hay nada mejor tras un buen trago a “matased” que una ducha calentita.
Los animales de la selva no eran tontos. En riguroso orden, y siempre ojo avizor ante la posible aparición de algún felino hambriento, bebían hasta saciarse agua fresca y se aseaban concienzudamente con agua calentita.
Moraleja: Si solo vas a pegarte una ducha no hagas caso al cañete.

El cigarro y la hormigos.

Andoni dice:
Las fábulas parabólicas de Andoni.
La cigarra macho se dedicó todo el verano a dar el cante: desde baladas al rock and roll, pasando por rancheras mejicanas y algún fado que otro, formaban parte de su repertorio. Mientras tanto la hormiga macho, laboriosa ella, se dedicó a trabajar y trabajar recogiendo para la llegada del otoño. Cuando llegó la caída de la hoja la cigarra macho, hambrienta y aterida de frío se dirigió al hormiguero pidiendo ayuda. La hormiga macho le recriminó su pereza pero, apiadándose de ella, le ofreció alimento y cobijo. Pasaron muy buenos ratos e incluso llegaron a consumar varias veces, con el consiguiente pitillo de después.
Moraleja: No rechaces una portada del Interviú aunque sea en verano.
El cigarro y la Hormigos.

El Gay León.

dice:
Las fábulas parabólicas de Andoni.
Manolo era el Rey de la selva. Gracias a su fuerza y poderío el reino iba bien; todo estaba en orden. Tras su muerte le sucedió su hijo Salomón que no envidiaba a su padre en fortaleza y sabiduría. El orden siguió reinando en la selva. Salomón comenzó a preocuparse por la continuidad de su dinastía al observar ciertos comportamientos un poco extraños en su hijo Rodolfo: le gustaba salir de caza con las leonas y tenía tendencia a frotarse, no contra los baobabs sino con el resto de leones macho de la manada, pero la muerte le sobrevino de repente y Rodolfo ocupó su puesto al frente del reino. Tras su defunción por causas naturales y tras no dejar descendencia el Reino pasó a ser República
Moraleja: Si quieres acabar con la monarquía pon al frente del reino al Gay León.

El moliner.

Andoni dice:
Las fábulas parabólicas de Andoni.
En un puebl viví un pobr moliner con su hij. Un año hub una gran sequí en el lugá y se echó a perdé todo el trig de los camps. Al finá, nadi tení trig que molé, y el pobr moliner y su hij ya no podín viví de su trabaj.
-Padr, no nos qued ni siquier una barr de pá –se lament el muchach.
-¡Sí que es un problem! ¿Qué podems hacé? Teng una buen idé: ¡venderems nuestro asn! – exclamó el moliner-. Despué de tod, ahor ya no nos sirv de nad.
Así, el moliner y su hij decidiern ir a la ciudá a vendé el asn. Era un dí de verán, y hacía un caló abrasadó. Saliern de camin con su asn, secánds el sudó de la frent mientras caminán. Al llegá a un rí viern a unas mujers que laván la rop en la orill. Les hicié un escrach.
-¡Mira es! ¡Qué tonts, caminá un dí tan calurós teniend un asn! –dijern las mujers entre ris.
Al oír est, el moliner respondí enfadad:
-¿Qué hay de mal en tené un asn?
A lo que un de las mujers respondí:
-Yo cre que un hombr list llevarí a su hij montad en el burr, ¿no crees?
Pensand que aquell mujé tení razó, el moliner montó a su hij en el asn.
Poc despué, se cruzá con una ancian que caminab apoyáns en un bastó. Les montó otro escrach. La ancian levantó su bastó y golpeó al chic en la cabez, diciend:-¡Qué egoíst eres! ¿No te da vergüenz ir montad en el asn mientrs tu pobr padr va caminand con est caló?
El hij, asombrad, pensó que la mujé tení razó. Se baj del asn y dejó que su padr fuese montad, mientras él caminab y guiab al animá.
Continuarn su camin cuand, al rat, pasó un caminant, que con otro escrach se rió de ells, diciend:
-¡Qué tonts son! ¡Co est caló, deberín ir los dos montads en el burr!
El moliner y su hij pensarn que er una grá idé, por lo que se montarn los dos sobr el pobr asn, que a durs pens podí con ta pesad carg.
Más adelant, viern a un labradó arand el camp. Al verls, escrach en man, coment:
-¡Per qué estúpids! ¡Maltratá a un pobr asn haciénd cargá con dos persons!
El moliner respondí enfadad:
-De tods mods, este asn lo vams a vendé en el mercad
-Pues peó aún –dijo el labradó-. Nadi querrá comprá un burr tan cansad.
El molinero y su hij, comprendiend que tení razó, se bajarn del asn, diciend:
-Hems sid tonts y cruels contig. Ahor te llevarems sobr nuest hombrs.
Padr e hij atarn las pats del asn a un pal y lo cargarn sobr sus hombrs. El asn ib tan incómod que se moví par intentá soltars. Con el sust, sus dueñs soltarn la carg, y el asn cayó ruidós al rí.
Moralej: Lo del moliner es de juzgad de guard.