domingo, 15 de diciembre de 2013

Crónica de una operación de cadera anunciada visto desde el lado oscuro de la fuerza.(3)

Andoni dijo:
Crónica de una operación de cadera anunciada visto desde el lado oscuro de la fuerza.
Faltan dos días. No me ha dirigido la palabra cuando me he levantado. Creo que está un poco susceptible dado el trato recibido en los dos últimos días, pero la suerte está echada: no hay misericordia.
A las nueve en punto de la mañana, con precisión sueca, que me gusta más que la suiza (aunque D. Penalty no sea de la misma opinión) estábamos los tres (el lado luminoso, la cadera y yo) en el Banco de Sangre. Media hora después se ha sentado a nuestro lado un jubileta con boina y cachaba.
- Oiga, ¿este es el Banco de Sangre? -le hemos preguntado. -No, este es el banco rojo del parque de Nª Señora de los Remedios Caseros -nos ha contestado. El Banco de Sangre está en el Hospital.
Hemos corrido (solo el luminoso y yo; la cadera ni por el forro de los suevos y los alanos) y a las diez menos diez hemos interrogado a un joven “inbarba” que transportaba varias cajas de medicinas con andar cansino.
-Veníamos a realizar un extracto -dijimos. – A mi que coño me cuenta- respondió.
Menos mal que no le pedimos un reintegro. Joder, un cajero automático en un Banco, aunque sea de Sangre, digo yo que para algo servirá ¿no?
Total, que nos han sacado dos tubos de sangre, como te sacan los cuartos cualquier banco que se precie, y no nos han dado ni el 0,5 TAE.
Mañana entraremos en capilla; aunque el luminoso, como es muy católico está en la capilla, en el claustro y hasta en la sacristía todos los días.
No se lo digan a nadie, pero, como decía José María García, creo que es absolutamente “mariquita” para el dolor.

Crónica de una operación de cadera anunciada visto desde el lado oscuro de la fuerza.(2)

Andoni dijo:
Crónica de una operación de cadera anunciada visto desde el lado oscuro de la fuerza.
Quedan tres días. Hoy no ha dicho ni mú. Creo que está acojonada, aunque sea fémina. Hoy solo la hemos hecho subir encima de una caravana y tirar de un plástico de ocho metros por diez. El primer tipo que no me cayó bien desde nos ha echado una mano… y se ha fumado dos de nuestro puritos "Amigos". La Mari nos ha regalado tomates y pimientos verdes del valle de Arratia. Saben a tomate y pimiento, no digo más.
Nos han informado que la operación va a ser como un parto moderno: con epidural. Dos horas y media escuchando el sonido de la sierra, el manar de la sangre y los bostezos del anestesista. He pedido que me dejen llevar un libro o poner la radio; me han dicho que no hay tu tía.
Bueno, resignación cristiana (esta solo por parte del lado luminoso de la fuerza).

Crónica de una operación de cadera anunciada visto desde el lado oscuro de la fuerza.(1)

Andoni dijo:
Crónica de una operación de cadera anunciada visto desde el lado oscuro de la fuerza.
Faltan cuatro días. Hoy solo ha gritado treinta y tres veces. Es cierto que le tengo cariño, pero para cuatro telediarios que le quedan…
Además… ¿qué es un piso diecisiete sin ascensor para ella?
La otra tiene la misma edad, la misma alimentación; ha recibido igual trato y parecida calidad de vida. ¡Y no se ha quejado nunca!
Me tienen citado para siete y media de la mañana… en ayunas. Digo yo, que ya que les voy a dar algo, joder, por lo menos que no me hagan madrugar. ¿Y eso del ayuno? Coño, que no estamos en cuaresma. Un zumo por lo menos… o unos churros con chocolate.
He intentado cambiar la hora de ingreso, pero nada; y eso que les he propuesto venir con los huevos afeitados y entrar a las ocho. No hay tu tía. Parece ser que una enfermera me la cogerá (espero que lleve guantes… o mejor no) y con una filomatic, y con diestros movimientos hacia un lado y hacia otro, me depilará a la “brasileña”. Yo la llamo la “brasileña” por la samba que bailaba cuando era joven; ahora con los recortes, ni un chotis, oiga.
Seguiremos informando… mañana.

Querido Pedro J.

Penalty y Expulsión dijo:
Querido Pedro J.:
Confío en que al recibo de ésta te encuentres bien o declarando ante el Juez. Menudo bombo te estás dando ¿eh?
Aquí en la cárcel no se está como en Baqueira, pero es cierto que allí tampoco hay ahora nieve. Se han cabreado mucho mis abogados, y eso que eran de los más caros, y me han abandonado. ¡Qué sinsorgos! Y todo por mi afán de autoinculparme y pasar las pruebas a un periodista, como si fuese mi verdadero defensor.
Te agradezco mucho que mi manuscrito no lo entregases ipso facto al juez. Hay que medir los tiempos y, en esto, la diligencia en los actos no es determinante. Yo, como los catalanes, sé bien que la pela es la pela.
Mira, creo que me van a quitar casi todo, así que pienso morir matando. Ten cuidado conmigo, que ya escribiste que no me crees, pero a los papeles sí les diste crédito, cosa que no hacen ya los bancos con nadie. Mira a mi mujer, todo el día llorando y eso que aún no ha ingresado en el módulo de mujeres.
Bueno, te dejo, que tengo que ponerme el chandal y correr un poco con el patio, haga frío o calor.
Tuyo afectísimo,
Luis el Cabrón
(apócrifo)

“Impresión: sol naciente”

eltumbaollas dijo:
“Impresión: sol naciente” es un bello óleo sobre lienzo de Monet. El título dio nombre al movimiento plástico conocido como Impresionismo. A brocha gorda (qué mal traído) se trata de captar la luz, el instante, la impresión y quizá el asombro; por ello en El Impresionismo abundan las escenas de amaneceres y atardeceres, jardines y lunas en las aguas. Borges describía los instantes en la vida de las personas y decía: “yo digo asombro dónde otros dicen solamente costumbre”. Yo me asombro en este blog cuando leo a tantos brillantes remeros. Como leer: gazpacho de ortigas ya probado y en espera de probar croquetas de ortigas que nos regaló don Belosticalle, mi amigo a pesar de no tener nada en común.
Sucedió una bonita mañana hace unos días. Sentado en un banco de una tranquila calle del bilbaíno barrio de Deusto observaba los pájaros cuando reparé en lo que me pareció un cuadro colgado de la rama de un árbol; al instante lo tenía en mis manos. Se trataba de lo que parecía un óleo sobre tabla de una bonita estampa de unos niños bajo una parra. Con el marco un poco destartalado, en su parte trasera tenía pegada una media cuartilla ajada y amarilleada por el paso del tiempo. En ella se reseñaba al autor, título, fechas y más datos. El hecho de que tuviera la nota me hizo pensar que sería una reproducción y mi primera emoción de que fuera un gran hallazgo se disipó. Casualmente había quedado ese día para comer con mi amigo Javi Díez (hijo de Paco Ducale) que entre otros saberes cuenta con el de ser un gran amante del arte pictórico y por ende un gran conocedor. Se maravilló del cuadro pero sobretodo de la forma en la que me hice con él. Comimos en una taberna oscura (pagó él) y se lo llevó a su casa para estudiarlo con detenimiento y buena luz. Pronto sonó el teléfono y me informó de que no era una reproducción; se trata de una técnica que consiste en aplicar a una lámina unas leves pinceladas de una especie de cola transparente que al dar relieve asemeja una buena reproducción. Me dijo que era un buen trabajo y que el que lo hizo lo sabía hacer bien.
Es la obra titulada “Grape Arbor en Neuskastel” del pintor alemán Max Slevogt (1868-1932) y que ahora, una vez reparado y lucido el marco, cuelga en una pared de mi casa y cada día saludo a los niños y a su institutriz con un educado guten morgen.

En la cola de las rebajas.

jachuspa dijo:
Anoche, traumatizado por la derrota de España, salí de mi casa sin rumbo fijo: acabé en la cola para las rebajas de unos grandes almacenes que hay cerca de mi casa. Con buen criterio, saqué un número y contraté a un propio para que se quedara por mí en la fila, mientras yo iba a buscar inspiración para un libro de poesía que estoy escribiendo, a un puticlub que hay a la vuelta. Estaba de bote en bote y eso que era domingo. En el urinario me encontré con Nacho Vidal acompañado de un chico que le bajaba la cremallera para sacarle el pajarito. Ante mi asombro, me miró y dijo: “Chico, desde que pasé por la Audiencia Nacional, tengo un problema en el corazón y el cardiólogo me ha prohibido coger peso”. Es un puticlub de diseño y parece un parque temático. Anteriormente, era una local de Los Guerrilleros; ahora está dividido como Disneylandia.
Tomorrowland, anunciado como ese espacio de tiempo en el que no vivirás, nos presenta un espacio para voyeurs imaginativos en HD y de una sofisticación espectacular. Nunca había visto nada igual: una especie de diorama, donde aparecían las radiografías, totalmente desnudas, de amas de casa, jubilados con espondilitis anquilopoyética, ciervos durante la berrea, etc etc. Siguiendo por el pasillo se encontraba el tablón de anuncios donde se informaba que por problemas técnicos, el beso negro, durante un tiempo, quedaba reducido a un escarceo con Pepe Legrá y para que nada decayera, la rondalla de la Tuna recorría el meublé. No pude pasar de aquí y decidí marcharme: me equivoqué de puerta y entré en el gabinete de coprofilia. Allí, un hombre con voz rajada como un apache, decía a una fulana: “cágame en un ojo y llámame pirata de mierda”.
Salí a la calle, donde ya había amanecido, y volví a la cola. Tras la avalancha, conseguí entrar y me dirigí a las rebajas de libros. No vayan, no merece la pena. Por destacar algo, una biografía documentadísima de Pocoyó y las memorias de Artur Mas tituladas “Yo también fui un Navy Seal” que incluye una espectacular fotografía del autor haciendo fast rope con barretina.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Historia de Bernadino de Bragamonte y Calzónquitao. (1)

Andoni dijo:
Bernadino de Bragamonte y Calzónquitao vio la luz un veinte y ocho de Augustus de mil y cuatro y cientos y ochenta y cuatro del año de nuestro señor en Santo Toribio de Liebana (día de Santa Sofía de Bulgaria y Santa Viena de los panaderos de Austria). Aunque nacido dieciocho meses antes en Erustes, en el camino toledano que unía Cebolla con La Mata, vio la luz en aqueste lugar cantabrón debido a que a pesar de ser hijo de padre desconocido… desconocido en Sevilla; lugar que nunca pisó (su padre, claro), y cieguituerto de nacimiento (Bernadino, claro), debido a unas fiebres que padeció un bisabuelo, tuvo la divina coincidencia de encontrarse su conocida madre (esta sí muy conocida por aquellos lares o lupanares) en año de peregrinación jubilar (para jubileo de la señora y jubilo de sus clientes ya que hacía un dos por un uno, y a veces hasta un sesenta y nueve por ciento de descuento en sus quehaceres diarios y en sus joderes nochearios) el día que la “Lignus Crucis”, guardada en tan santo lugar, quiso hacer la gracia de devolver la vista a todos lo presentes en el templo. Como su madre estaba atareada con un labriego montañes, que estaba cocido tal como su gentilicio indica, y el zagal había sido dejado en a los pies de la reliquia para que no interfiriera, recayó sobre él el milagro y abrió los ojos ante el cirio pascual. Esa fue la primera luz que vio y que marcaría su devenir en las postreras hazañas que si Dios quiere y el tiempo lo permite seguiremos narrando en aqueste remanso de paz para sosiego, entretenimiento y solaz de tan magnánima chusma remera.

Historia de Bernadino Bragamonte y Calzónquitao. (2)

Andoni dijo:
Bernadino de Bragamonte y Calzónquitao fue un niño deseado. Sus dos padres, un aguador de la calle Las Moscas en la imperial Toledo y un abanicador de funerales varios, desearon fervientemente el momento de su nacimiento por ver la forma y manera de librarse de aquel marrón que les había caído en gracia. Aunque los dos aguardaban la llegada del chaval, era Argamasindo Jurel Caballa, experto en transportar botijos calle arriba calle abajo, quién más ansias mostraba en salir de dudas acerca de su supuesta paternidad, ya que “Eh, tú”, el otro supuesto progenitor, deseaba comerse el marrón y al rubio y al moreno pues no había perdido los gustos culinarios de su Etiopía natal.
La madre, Casquivana Fernandes y Palafruguell, aragonesa y natural de Tarragona no sabía siquiera que llevaba en las entrañas a Bernadino; gases, pensaba ella que sería el abultamiento de su abdomen. Casquivana se dedicaba a la aliviación de miembros varoniles a maravedi el revolcón y ni por asomo pensó que aquel 25 de noviembre de mil y cuatro y cientos y setenta y nueve, uno de los dos interfectos que acudieron a pedir sus servicios depositaría en ella la semilla que daría lugar a uno de los más famosos personajes de la época.
La relación con Argamasindo fue consumada a las cinco de la tarde, hora de todas las corridas, en un descampado del camino de Cebolla. Argamasindo acudió necesitado a Casquivana ya que llevaba lo menos tres años sin catar hembra y tres meses sin probar cabra. Acordada la tarifa se dirigieron a una era cercana y tras unas zarzas el aguador se quitó el calzón. No se sabe a ciencia cierta el motivo, si por el frío pelón o porque una mala tarde de toros la tiene cualquiera, a Argamasindo se le vino abajo el botijo. Pensando en que tendría que devolver el maravedí, y como contaba con gran experiencia en estas lides y en peores plazas había toreado, Casquivana utilizó un método infalible. Aconsejó a Argamasindo que colocara a “el flaccido” sobre un tocón de encina que por allí vegetaba y le arreo un buen viaje con un canto rodao de casi 100 kilos; o sea una tonelada, que por allí paraba. El cuerpo de Argamasindo reaccionó sabiamente y envió sangre al órgano dañado en tal cantidad que aquello parecía una berenjena en todo su esplendor chorreando jugo de tomate. La consumación fue rápida pero de tal magnitud que cuando Casquivana procedió a limpiar sus partes pudendas creyó que le había bajado la regla. Argamasindo tardó seis meses en volver a izar bandera.
Con “Eh, tú” fue diferente, ya que la coyunda ocurrió en una oscura callejuela de La Mata y en una oscura noche sin luna. Casquivana nunca supo que “Eh, tú” era también oscuro como el sobaco de un grillo, pero nunca olvidó aquel servicio ya que lo que sintió que entraba por la puerta de la gloria de su madre más que un miembro parecía la banda de música de los arribes del Delta del Ebro.
Así que ahí los tenemos a los tres: un correbotijos y un abanicaviudas esperando ser padres y una calientacalzas esperando tirarse un pedo.

Historia de Bernadino de Bragamonte y Calzónquitao.(3)

Andoni dijo:
Historia de Bernadino de Bragamonte y Calzónquitao.
Resultó que Casquivana Fernandes y Palafruguell no tenía gases. Corría la mañana de un 28 de Abril de mil y cuatro y cientos y ochenta y tres de nuestro señor, cuando la madre del que sería famoso personaje, estando ésta lavando unas tripas de cerdo en las aguas del arroyo de La Virgen, cercano al poblacho de Erustes, le entró tal apretón que tuvo que refugiarse tras unos álamos para evacuar lo que parecía ser una mala digestión de judías con chorizo. Las judías resultaron ser una rotura de aguas como Dios manda y el chorizo apareció peludo, blanco como la harina, ensangrentado y con los ojos abiertos, que más parecía un buho de lo que se fijaba. Casquivana se llevó el susto de su vida ya que pensó, al ver lo que tenía bajo sus nalgas y la tira que se introducía en su cuerpo que padecía de solitaria.
Tras unos matorrales cercanos se encontraban los dos dudosos padres de nuestro héroe. “Eh, tú” respiró aliviado al ver el color de la criatura; Argamasindo Jurel Caballa se cagó en sus muertos, tenía un hijo… un hijo de puta.
“Eh, tú” se alejó del lugar con la sonrisa en sus abultados labios cantando la melodía local, utilizada para dar gracias a los dioses de la sabana, con que su tribu celebraba la llegada de exploradores perdidos, ingrediente esencial en la típica dieta etíope.
Argamasindo se acercó Casquivana y al niño con lágrimas en los ojos. Cortó el cordón umbilical con una navaja con cachas de madera de castaño viudo; arma letal que le había mangao a un grumete de carabela que se había emborrachado en una taberna de mala muerte y peor vino en el puerto de Palos de Moguer, y fue tal la cogorza que despertó en un confesonario de la Catedral de Toledo; eso sí, con mucha resaca pero confesao.
Argamasindo recogió a Bernadino y lo depositó en los brazos de Casquivana cubriendo a los dos con una pelliza de lana de oveja modorra, cambiada a un payés catalán por dos huevos fritos en aceite y un trozo de pan de trigo negro. Miró a Casquivana mientras esta, dolorida y asustada, acercaba el niño a su pecho derecho.
Bernadino de Bragamonte y Calzónquitao nació con los ojos abiertos, pero sus ojos estaban ciegos. Era tal la ceguera del zagal que en vez de engancharse a la ubre materna se dedicó a darle chuponazos a la navaja de castaño que Argamasindo, en un descuido, había dejado sobre el vientre de Casquivana. Menos mal que los lametones fueron dados por la parte de la empuñadura, si no, no habría llegado a pronunciar la frase por la que pasaría a la historia: “¿Y si le echamos cebolla?, y Bernadino de Bragamonte y Calzónquitao hubiera sido uno más de los pobres, que junto con los ciegos, cojos, mancos y cornudos terminaron arrastrando sus miserias por las calles de la España de finales del siglo XV buscando una dádiva para poder llevarse algo a la boca (algunos tuvieron que llevarse a la boca cosas de lo más variopinto y de lo más empinado).
Casquivana pidió a Argamasindo que encendiera un fuego ya que sentía frío. Éste, hombre de buenos sentimientos y más hacia la madre de su hijo, recogió unas ramas de argoma que por allí crecían y gracias a un pedernal cambiado a un basquence de la noble Villa de Bilbao por dos chorizos de cabra y tres manzanas, encendió una buena hoguera cerca de la madre y el niño.
Casquivana, que había conseguido llevar la boca de Bernadino a su teta izquierda, preguntó a Argamasindo si podría darle algo de comer, y si pudiera ser algo caliente mejor. Éste, solicito, se acercó al arroyo de La Virgen con un puchero que siempre llevaba encima, cambiado a un cantaor de fados de Lisboa por una morcilla y cuarto y mitad de aceitunas cornicabra, lo llenó de agua y lo colocó sobre la hoguera. Añadió tres cebollas blancas que había cambiado a un gallego, vendedor de queso de tetilla de monja cisterciense por media fanega de cebada.
Cuando el agua comenzó a hervir y las cebollas comenzaron a ponerse tiernas Argamasindo retiró el puchero del fuego y se dispuso a llevarle a Casquivana aquella rica sopa de cebolla. Y estando en ello, dirigiéndose “pa” ella, tuvo la mala “follá” de resbalar con los restos de la placenta y le estampo al chavalillo en toda la cabeza un pucherazo de tomo y lomo, vertiendo el hirviente líquido y las cebollas sobre la pirulilla; motivo por el cual Bernadino siempre tuvo la picha floja y nunca le salieron pelos en los huevos.
Y así, de esta forma, por un accidente con una “pa ella”, Bernadino quedó marcado de por vida y no consiguió llegar nunca a ser un hombre, ni un político, ni un pensador; aunque consiguió otros logros que iremos narrando en las sucesivas entregas de su vida y fazañas.

Historia de Bernadino de Bragamonte y Calzónquitao. (4)

Andoni dijo:
Tras el parto, Argamasindo se apiadó de Bernadino de Bragamonte y Calzónquitao y de su puta madre y se los llevó a vivir con él a una pequeña gatera, utilizada a modo de hogar, en la calle de la Sillería, cercana a la Plaza de Zocodóver.

Bernadino tuvo que sufrir la ausencia diurna de su padre (aguador en la calle Las Moscas) y la casi nula presencia, tanto diurna como nocturna, de su madre (moscona en cualquier agua); la cual, en cuanto pudo le retiró el calostro materno para ofrecer este a mejores pagadores y chupadores, y le endilgó cuencos de leche fermentada de una burra estéril que era utilizada como aliviadero de feos y colicortos. Pero Bernardino no estuvo solo; fue arrullado por “cienes y cienes” de gatos que en aquel lugar paraban, meaban, maullaban y seguían; paraban, meaban, maullaban y seguían; paraban, meaban, maullaban y seguían… parando, meando y maullando. De dicho pasacalles gateril, gatense o gatuno, que lo mismo da el gatalicio, le quedaron a Bernadino ciertos problemas para la debida pronunciación de palabras como “Madrit”, “Catalunya”, e incluso frases completas como “El perro de San Roque no tiene borceguíes” o “Súbete las faldas que viene el Olegario con la maza”, sin que aún hoy se sepa el motivo de tal problema fonético.

Pared con pared se encontraba la fragua de Fraimundo Colgoelhábito, donde se forjaban sus famosas espadas, puñales y untadores de mantequilla; estos últimos muy apreciados por la nobleza toledana. Fraimundo había sido ferviente seguidor de la orden de los mendicantes armados, cuyo lema era “el moro et la mora, lo mejor es que es vayan fora”. Gracias a los actos cristiano-purificantes que a diario celebraban los mendicantes; consistentes estos en dar de martillazos en las palmas de las manos y en los pies (a modo de nuestro Señor en la cruz) a los seguidores de “Alá y su profeta” y usar un hierro candente “para marcar a todo moro en la frente”, Fraimundo cogió la experiencia suficiente en el uso de martillo, hierro y fuego y se convirtió en el mejor maestro espadero, puñalero y mantequillero de Toledo.

La fragua, sobre todo el calor que la misma desprendía, y que aquel año los toledanos se quitaron el sayo el 20 de Abril debido al viento africano que no dejó de soplar durante tres meses seguidos, marcó a Bernadino para el resto de su vida: era ponerse la temperatura en 20º y el gachó ya andaba medio tiritando de frío. Es cierto que el calor apretó de lo lindo aquel año: los perros levantaban el rabo para darse sombra; las ratas hacían cola en los trasquiladeros de ovejas churras, por si se equivocaba el pastor y les pasaba la tijera a ellas; las coyundas maritales fueron escasas, por no decir nulas, y las putas pedían limosna en las esquinas ya que no había quien quisiera pegarse un revolcón con aquella calor; el Tajo descendió tanto su nivel que las ranas ni croaban de lo seca que tenían la boca y lo poco que se meaba se evaporaba apenas a dos palmos. Sí, hay que reconocer que hizo calor aquel año, pero lo de Bernadino es de análisis. Y eso haremos.